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A continuación, tenemos el gusto de presentar un fragmento de la obra Rayo de luna, de la dramaturga puertorriqueña Adriana Pantoja (para leer el texto teatral completo pulsar en la imagen del  PDF). La pieza es una obra biográfica sobre la vida de la prócer puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió (1843-1924).  Entre diálogos y monólogos que permiten agilizar la trama, la autora baja a la prócer/matriota, que no patriota, de su merecido pedestal, para devolvérnosla absolutamente humana, amena, cotidiana y combativa.  Pantoja también nos brinda la oportunidad de familiarizarnos con Bonocio Tió Segarra (1839-1905), esposo y compañero de lucha de Rodríguez de Tió y agente fundamental en su desarrollo como la primera escritora puertorriqueña en publicar su obra poética en la Isla. 

 

En Rayo de luna, Pantoja nos entrega una pieza de teatro didáctico con elementos meta teatrales que rompen la distancia entre actores y público para permitir un acercamiento a la historia tan sencillo como complejo.  Su pieza reconoce el movimiento cíclico del tiempo y la desdichada repetición de patrones históricos de los cuales debemos aprender a liberarnos.  Pantoja se apoya en la claridad de palabra y mensaje, la humanización de los personajes, el entendimiento de los hilos históricos que unen el pasado y el presente, el reconocimiento de la igualdad entre los seres humanos y la responsabilidad en cuanto a temas de la mujer para homenajear a sus personajes.  Por último, admiramos la persistencia en la inclusividad en su producción dramática.  Como es la costumbre en las últimas piezas de Pantoja, la presencia de intérpretes de lenguaje de señas forma parte integral de esta pieza.  Agradecemos a Adriana Pantoja por confiarnos esta pieza tan especial. 

 

Eva Cristina Vásquez

 

 

Rayo de luna

Adriana Pantoja

 

 

 

PERSONAJES

 

Lola Rodríguez de Tió

Bonocio Tió

Madre/Amiga de Lola/Mensajera

Amigo de Bonocio/Barbero/Gobernador Contreras/Mensajero

 

DECORADO

 

Se sugiere un espacio de cámara negra, en el cual haya algunos elementos escenográficos esenciales, como una silla de medallón, un escritorio con su silla y un banquito. La utilería es sencilla, pero funcional, abonando a la historia según se vaya presentando (telas, implementos de escritura, papeles, libros, libretas, flores, bandejas, tacitas de café, platos, velo, banderas). Los vestuarios de Lola y Bonocio tendrán capas y elementos, los cuales se irán cambiando según pase la obra, muchos de estos a la vista del público. Habrá 2 intérpretes de lenguaje de señas, quienes también escenificarán algunos personajes en la pieza. La música adornará las acciones, siendo por momentos romántica y, por momentos, nostálgica. Las luces, igualmente, acompañarán las acciones según transcurre el tiempo. Por momentos, habrá algunos detalles especiales de iluminación, los cuales se especificarán en el texto.

 

TEMPORALIDAD

El presente… Y, también, el pasado, desde 1854 hasta 1924.

 

En apagón, comienza una música suave y nostálgica, la cual acompañará a Lola mientras ella

recita su poema “Rayo de luna”. Antes que comience a hablar, sube una luz tenue sobre una

figura de espaldas, al centro del escenario. Igualmente, sube la luz de su intérprete, al lado

izquierdo del escenario, quien sí está de frente.

 

LOLA (De espaldas, nostálgica, pelo recogido). Blanco rayo de luna, desciende ya, ilumina las horas de tristeza que oscurecen mi vida. (Girando lentamente hacia el público por su derecha). Desciende en la onda clara de tu lumbre tranquila; y quiébrate en mi seno donde el dolor se abriga… (Lola repara en la bandera que descansa en el escritorio y la toma suave). Mis húmedas miradas en ti solo se fijan; y un misterioso anhelo consume el alma mía. (Lola lleva la bandera a su pecho. Sube un poco más la luz). Mi pensamiento vaga por la noche infinita; que guarda los recuerdos de mis pasados días. Al fulgor de tu lumbre, de la mente indecisa, (Lola sube la bandera y luego deja que le acaricie su mejilla) visiones vagarosas se alzan y me acarician; (Lola besa la bandera) y con helados besos, con lánguida sonrisa, (Lola aleja la bandera) de mis sueños me hablan (Lola deja descansar la bandera en el escritorio) y, luego, se disipan… (Con un poco de mayor fuerza, hacia su frente). Que en esta oscura tierra donde el engaño habita, quejas no más exhalo, ¡plegarias doloridas! (Firme, expandiendo sus brazos). ¡Blanco rayo de luna! Baña mi tumba fría, cuando en eterno sueño me encuentre sumergida... (Sube la música de repente, como poniendo punto final al poema. Luego baja, según Lola también baja su efusividad y sus brazos. Intérprete 1 la observa preocupada).

 

INTÉRPRETE 1  (Suave, la llama). Lola… (Lola la mira. Intérprete 1 señala hacia el público, con disimulo. Lola mira y repara en el público. Se recompone. Sube completamente la luz de la escena; debe ser azul, representando que Lola habla desde el infinito. La música le acompaña aún, mientras habla sus primeras frases).

 

LOLA  (Un tanto nerviosa). Hola… Disculpen… Ustedes dirán, qué hace esta mujer hablando sola, recitando un verso tan fuerte y lánguido: “Rayo de luna”. Era lo que me definía, lo que sentía en el momento, 1880, a mis 37 años… (Observa la bandera en el escritorio). Y aun ahora, a la distancia, a la lejanía, desde allá en el infinito, aún siento dolor, pena y nostalgia por lo que no pudo ser… y que, quizás, no será… (Música se va completamente. Recomponiéndose). Pero, bueno, hablemos de otras cosas… No los voy a aburrir con mis pesares… (Pícara). Aunque quizás sí debería abrumarlos… Porque ya mi generación pasó; (mirando y tomando la bandera; luego mirando al público, incisiva) ahora le toca a las próximas… (Dejando la bandera en el escritorio). Me presento: me llamo Lola Rodríguez de Tió… (Corrige). Bueno, corrijo, mi nombre completo, de pila, es María de los Dolores Rodríguez de Astudillo y Ponce de León… (Observa a Intérprete 1 hasta que termine de deletrear. Repite más lento, de ser necesario). Sí, Ponce de León, como el conquistador, como el primer gobernador de nuestra patria. Descendiente directa y lo digo con mucho orgullo… (Sopesando). Aunque, curiosamente, estuve toda mi vida batallando a los españoles… no a todos, claro está… Solo a los opresores, a los que nos trataron sin compasión y con alevosía. Es extraño, ¿verdad? Uno desciende de una casta noble… pero la casta, muchas veces, se… “desnobiliza”… (Mira a Intérprete 1, quien también la mira confundida. Lola le habla). O sea, que son personas desleales, falsas… en fin, unos villanos… (Divertida, al público). Y, para los que se preguntan, sí, yo poseía un humor muy particular. Siempre me gustó jugar con el léxico, con las ideas, con los significados… No era por maldad, sino porque me gustaban las palabras. Las sentía como escudos protectores contra el mundo… Quizás por eso me gustaba tanto la poesía… No porque me escondiera detrás de los versos; al contrario, los versos develaban todo mi ser. Pero, sin duda, los versos fueron escudos ante la crueldad, ante las injusticias, ante situaciones que yo no podía evitar, solo mencionarlos, hacerlos visibles… Porque, a la vez, eran gritos de guerra, de lucha, de valentía… (Cambiando un poco el tono. Rodeando el escritorio. Mientras habla, arregla flores en florero o dobla la bandera). Y quiero aclarar que, aunque siempre me gustaron las palabras, los versos, la gente tiene un concepto un poco distinto a lo que fue mi realidad. Claro, yo fui criada bajo una familia acomodada, educada, de alta clase. Eso me brindó oportunidades de educación que, por regla general, no era la norma para una mujer de mi época. Y, aunque me gustaba mucho, mi afición por escribir versos se consagró una vez conocí a mi par de vida…

 

Bonocio Tió se asoma por el lado derecho del escenario, sonriente. Lola y Bonocio se miran y se sonríen. Luego, Lola le hace un gesto para que Bonocio se vaya, porque aún no le toca entrar. Bonocio entiende, se disculpa y sale.

 

LOLA (Al público). Ése era Bonocio… Bonocio Tió y Segarra, de Lajas, Puerto Rico, periodista, escritor, editor, poeta, comerciante… revolucionario, como yo… y quien fuera mi adorado esposo, mi sajón como yo le apodé… (Mira hacia la derecha y saluda). Sin su ayuda, ustedes no hubiesen conocido a la poeta Lola Rodríguez de Tió… Y con esto no estoy diciendo que Lola no hubiese sido Lola sin Bonocio… Pero mi época no era como la que ustedes viven ahora, en la cual la mujer tiene derechos, libertades, deberes y hasta cierto reconocimiento. En mi época había que luchar… en todos los sentidos… Y, si eras mujer, mucho más, ¡contra viento, marea, pico y piedra! Y yo luché… luché mucho… por mi familia, por el arte, por la libertad y la justicia… pero siempre acompañada, apoyada y amada por mi sajón, Bonocio. Es probable que, por mi carácter inquieto y rebelde, de siempre, hubiese hecho bastante ruido poético en mi época, aun sin Bonocio. Pero, sin duda, hubiese tardado más… mucho más. (Regresa al escritorio y se detiene). ¿Les dije que nací un 14 de septiembre de 1843? Mismo día que, en otros años, Japón libró la batalla de Ishibashiyama; Alfonso X, el Sabio, “conquistó” la ciudad de Cádiz, emprendiendo la persecución contra los musulmanes; Napoleón invadió a Rusia y comenzó el gran incendio de Moscú; y, en España, Miguel Primo de Rivera se convirtió en dictador. (Cínica). Sí, todas esas “maravillas” bajo mi fecha de nacimiento, 14 de septiembre… distintos años, por supuesto. (Positiva). Pero no todo fue batalla y guerra: también hubo eventos edificantes en mi onomástico, como la celebración de la primera misa en honor al Señor de los Milagros o el Cristo Moreno, en Lima, Perú; (con un poco de duda) la creación del himno de los Estados Unidos, por Francis Scott Key… (Emocionada). Y se inventó la cinta de la máquina de escribir… eso sí que es importante. Como ven, hasta con mi fecha de nacimiento, tengo referencias a la guerra, a la política, a la lucha… y a la creación.

 

Lola se sienta en el escritorio, mientras que Bonocio se asoma por la derecha, acompañado de su intérprete.

 

BONOCIO  (Suave). Permiso, Lola, ¿ya me toca?

 

LOLA No, aún no… Tengo que hablar sobre otros asuntos primero.

 

BONOCIO  Oh… (A intérprete). Vámonos.

 

INTÉRPRETE 2  ¿Por qué?

 

BONOCIO  Porque Lola dice que aún no nos toca… (Ambos salen por derecha).

 

LOLA  (Divertida). No se crean: así como lo ven, Bonocio era tan rebelde y revolucionario, como yo. Desde un principio, nuestras personalidades encajaron a la perfección, como piezas de rompecabezas; es más, como dos hojas iguales de una tijera. Pero, también era un tanto tímido, hasta distraído… No para la lucha, decir verdades o buscar justicia. Caballeroso, amable, sensible… pero tímido… Todo un galán de su época. (Levantándose del escritorio, abanico en mano). Nuestra época, finales del siglo XIX… No era San Germán, no era Lajas: era Puerto Rico entero, era la época. Existían unos códigos de comportamiento muy estrictos, tanto para hombres como para mujeres. Pero los destinados para la mujer eran como que un poquito exagerados y hasta ridículos. Si una mujer osaba inmiscuirse en temas de hombres, como negocios, periodismo o política, era tildada de pendenciera, descarada, intrusa, indiscreta… Eso no era asunto para una mujer digna y decente. (Abre abanico). Pero llegué yo… Y, como muchas cosas en mi vida, siempre desafié todos los estatutos e imposiciones… desde chiquita…

 

Cambia la luz a una rosada, evocando el pasado. Lola se quita un elemento del vestuario, se suelta un poco el pelo, suelta el abanico y se convierte en una chica joven. La intérprete se convierte en la madre de Lola. 

 

LOLA  (Joven, con nervio, titubea un poco). Mamá, sé que papá está muy ocupado en asuntos del Colegio de Abogados, el cual recientemente fundó… Pero… ¿ya habló usted con él?

 

INTÉRPRETE 1  (Madre). Lola, no es bueno molestarle con temas sin trascendencia.

 

LOLA  (Joven. Espantada). ¿Sin trascendencia, mamá? ¿La educación de su hija no tiene importancia?

 

INTÉRPRETE 1  (Madre). Sí… pero su hija es muy cabezota y no quiere ir a la escuela, como hacen todas las jovencitas de su edad.

 

LOLA  (Joven). Mamá, ya tengo 11 años y le he dicho mil veces que me aburro mucho en la escuela. (Con desdén). Todo es tan elemental… (Con intención). Además, no es lindo descubrirles las deficiencias a los maestros…

 

INTÉRPRETE 1  (Madre. Regaña). ¡Lola!

 

LOLA  (Joven. Titubea). O sea, que yo prefiero seguir estudiando aquí en casa, como hasta ahora, aprendiendo con tutores… (emocionada) como la poetisa Úrsula Cardona Quiñones. (Zalamera). Mamá, prométame que hablará con papá al respecto.

 

INTÉRPRETE 1 (Madre. Exasperada). Agh, veré qué puedo hacer.

 

LOLA (Al público, divertida). Y papá dio su permiso. Y continué estudiando en mi casa, como yo quería, con tutores impresionantes, muy inteligentes, que me retaban constantemente y que me hicieron crecer. Claro, también ayudaba muchísimo que la biblioteca de mi padre, el Lcdo. Sebastián Rodríguez de Astudillo, era enorme. Y no es broma cuando les digo que yo me crie entre (simulando tono francés) Voltaire y Rousseau… (Con intención). Como tampoco es broma cuando les digo que siempre desafié las reglas y las normativas que trataban de imponerme…

 

Entran Bonocio y el Intérprete 2 por derecha, conversando animadamente. Lola, joven, queda anonadada ante Bonocio y no disimula su atracción. Ambos se miran, pero Bonocio disimula y habla con Intérprete 2. Intérprete 1 vuelve a ser la Madre de Lola.

 

LOLA (A Bonocio, tocándole el hombro). Hola…

 

BONOCIO  (Nervioso, gira a Lola). Hola…

 

LOLA  (Firme). Sr. Tió, admiro sus escritos sobre política, libertad y derechos humanos. Y, definitivamente, pienso como usted: no debería existir la esclavitud, ni aquí ni en parte alguna. 

 

BONOCIO  (Nervioso. Sorprendido). Ciertamente. Gracias por sus palabras.

 

LOLA  ¿No me reconoce? Soy la hija del Lcdo. Sebastián Rodríguez de Astudillo… (pausa corta) Lola…

 

BONOCIO  (Nervioso, disimula). Claro… nuestras familias son amigas. Pero hace tiempo no nos vemos.

 

LOLA  (Con intención). Bueno… yo le he visto muchas veces caminando por la plaza. Y le he saludado, pero usted no me ve porque siempre anda muy distraído y camina bien rápido.

 

BONOCIO  (Pasmado). Oh, bueno, usted disculpe mi desaire, entonces… (Ofreciéndole su mano). Bonocio Tió… Mucho gusto… en propiedad…

 

LOLA  (Nerviosa). Sí, porque ya nos conocemos…

 

Lola acepta la mano de Bonocio, quien se la besa. Surge una música amorosa y dulce. Ambos quedan embelesados mirándose, manos tomadas. Pausa corta. 

 

LOLA (Embelesada. Atrevida). Y nosotros también.

 

BONOCIO  (Nervioso. Confundido). ¿Nosotros qué?

 

LOLA (Embelesada. Atrevida). Que podemos ser amigos. Si usted quiere, hasta podemos ser novios… y casarnos. Creo que nos llevaríamos muy bien, ¿no le parece?

 

BONOCIO  (Nervioso. Pasmado titubea). Sí, claro…

 

INTÉRPRETE 1  (Madre. Llama). ¡Lola! (Lola y Bonocio, nerviosos, sueltan sus manos. Música se esfuma).

 

LOLA (Contrariada, pero disimula). Bueno, nos vemos luego.

 

BONOCIO  (Nervioso. Embelesado). Sin duda… (Lola se aleja hasta Intérprete 1).

 

INTÉRPRETE 2  (A Bonocio). Atrevida…

 

BONOCIO  (Enamorado). Interesante…

 

INTÉRPRETE 2  (A Bonocio). Oh, le interesa…

 

BONOCIO  (Pasmado. Disimula). Esas cosas no se preguntan… Vamos…

 

Sale Bonocio primero, Intérprete 2 después.

 

INTÉRPRETE 1  (Madre). ¿Qué estaba usted haciendo, jovencita?

 

LOLA (Nerviosa. Disimula). Nada, mamá, solo hablaba con el Sr. Tió. Nos encontramos en la plaza.

 

INTÉRPRETE 1  (Madre). Usted sabe bien que no debe hablar con hombres por la calle. Eso se ve mal. ¿Qué dirán de usted, de nuestra familia?

 

LOLA (Molestándose). Nada, no tienen que decir nada. Yo solo hablaba con el Sr. Tió y le decía que admiraba sus escritos. Eso es todo.

 

INTÉRPRETE 1  (Madre). Escritos revolucionarios, muy peligrosos.

 

LOLA  (Contrariada). ¿Por qué? Él solo dice la verdad: los españoles nos están oprimiendo sin compasión ni respeto. Y eso hay que denunciarlo y detenerlo.

 

INTÉRPRETE 1  (Madre). Es muy peligroso. El gobierno lo está velando por todas las barbaridades que dice. Le prohíbo que vuelva a verlo o hablar con él.

 

LOLA (Contrariada). ¡Pero mamá…!

 

INTÉRPRETE 1  (Madre). ¡Es una orden!

 

LOLA  (Contrariada). Mamá, con todo el respeto que usted se merece… no puedo obedecerla… (Nerviosa, pero firme). Voy a casarme con él.

 

INTÉRPRETE 1  (Madre). ¿Qué?

 

LOLA  (Firme, aunque con un poco de susto). He decidido que Bonocio Tió y Segarra es el hombre de mi vida. Y que yo soy la mujer perfecta para él. Nos entendemos, nos comprendemos, nos intuimos… (Un tanto dudosa). Y lo sé con tan solo leerlo.

 

INTÉRPRETE 1  (Madre). Mire, jovencita, si vuelve a verlo… (titubea) le corto las trenzas (se aleja).

 

Pausa corta. Lola trata de reaccionar ante el ultimátum de su madre, tocándose el cabello.

 

LOLA  (Al público). Mi madre estaba muy firme en su ordenanza. Pero yo también estaba muy firme en mi decisión… a pesar de solo tener 14 años. Yo no sé qué era lo que tanto me atraía a Bonocio, desde que me fijé en él por primera vez, a mis 12 años; y sin apenas conocerlo bien… Pero, en mi interior, sabía que lo que yo sentía era muy real. Y no me equivoqué: 40 años de ferviente unión… Así que, como intuía, desde tan joven, que lo que yo sentía era el “para siempre del amor eterno”, como las novelas románticas, me lancé a la aventura. (Divertida). No, no crean que hui con Bonocio. Hasta ahí llegaba mi atrevimiento. (Incisiva, con intención). Pero siempre fui fiel creyente del raciocinio, así que decidí atender cuidadosamente el mandato de mi madre.

 

Intérprete 2 entra por derecha, tijeras en mano y un delantal puesto, llegando hasta Lola.

 

LOLA  (Firme y amable). ¡Hola! ¿Cómo se encuentra hoy?

 

INTÉRPRETE 2  Muy bien.

 

LOLA (Firme y amable). ¡Qué bueno! Fíjese, le estaba esperando porque mi madre dio una orden y yo quiero que se cumpla al pie de la letra. Necesito que usted me corte las trenzas.

 

INTÉRPRETE 2  (Pasmado). ¿Cómo?

 

LOLA  (Firme y amable). Esas fueron las órdenes de mamá. Y no creo que usted quiera desairarla, incumpliendo su deseo. ¿Verdad que no?

 

INTÉRPRETE 2  (Pasmado). Pues no…

 

LOLA  (Contenta). Pues, manos a la obra. Venga conmigo y cumplamos la ordenanza de mamá.

 

Lola sale por detrás derecha, mientras que Intérprete 2 queda confundido en el escenario. Luego de unos segundos, él sale de escena por donde Lola salió. Entra Bonocio y ve esta salida de ambos. Intérprete 1 (como madre) y Bonocio se miran. Bonocio la saluda, pero Intérprete 1 le ignora y le da la espalda. Entra Intérprete 2, sin delantal (esperarlo).

 

BONOCIO  (Al público). ¿Qué les puedo decir de Lola? Una mujer espectacular, de la cual me enamoré perdidamente desde el primer minuto que la vi. Era como una conexión inexplicable, mágica. Y nuestra historia de amor no comenzó aquel día que, atrevidamente, ella me habló en la plaza y, básicamente, me declaró su amor… por lo menos, sus intenciones de casarse conmigo. Como nuestras familias se conocían, desde muy joven yo les visitaba. Y la veía. Nunca dije nada, por respeto… Pero su belleza, su fuerza, su carácter… todo lo que ella era me atrajo sin remedio. Pero disimulé, me hice el tonto. Luego, me fui a estudiar a Barcelona y, pues, pensaba que ese amor a lo adivino se había hecho sal y agua. Hasta que regresé a Puerto Rico y la volví a ver… Y el sentimiento volvió a florecer, como si el tiempo no hubiese pasado. No les niego que quedé pasmado con su “insinuación” en la plaza. Ésa no era para nada la norma de comportamiento femenino para aquellos tiempos de los 1860’s. Pero, vamos, que Lola no era la norma… Y creo que ya se han dado cuenta de eso, ¿verdad?

 

Lola entra con una bandeja y una trenza sobre la misma. Tararea feliz. Su pelo está recogido, simulando haber sido cortado. Bonocio la ve y se sorprende.

 

BONOCIO  (Sorprendido). Lola, su cabello… ¿Qué pasó?

 

LOLA  (Satisfecha). Molestaba para mis planes y, pues, se fue.

 

BONOCIO  (Confundido). ¿Sus planes?

 

LOLA  (Satisfecha). Sí, mis planes de casarme con usted. Mi madre me amenazó con cortarme las trenzas si seguía con mi loca idea de matrimonio con usted. Y como yo no pienso desistir de mis planes, muy diligentemente, decidí adelantarme. (Señalando la bandeja). Aquí está.

 

BONOCIO  (Pasmado). Oh… Ya veo… (Con pena, va a tocarle el cabello, pero se arrepiente). Pero, su cabello… Era muy bonito…

 

LOLA  (Preocupada, azorada). ¿Hace alguna diferencia para usted que yo tenga ahora el cabello más corto?

 

BONOCIO  (Pasmado, disimula). Eh… no… Disculpe usted, es que me sorprende un poco su fervor…

 

LOLA  (Firme). Fervor no, decisión. Y como lo que se interponía entre usted y yo eran mis trenzas, pues, ya no están. Ya no hay excusa que valga: ya nos podemos casar (coqueta, le ofrece su mano).

 

BONOCIO  (Enamorado, le toma su mano. Música amorosa y dulce regresa). Y usted, ¿me quiere?

 

LOLA (Pausa corta. Pícara). ¿Qué cree usted? Lo que se ve no se pregunta… (Lola suelta su mano y se acerca a Intérprete 1, mientras Bonocio sonríe y sale. Música termina. Lola llama satisfecha). Mamá… Aquí tiene usted (Intérprete 1 la mira espantada). No me mire así. Usted me dijo que yo necesitaba cortarme las trenzas para poder casarme con el Sr. Tió. Y eso fue lo que hice. Así que ya no hay impedimento alguno para establecer la fecha de boda, ¿verdad?

 

Intérprete 1 toma la bandeja, sin remedio; y la observa espantada. La coloca lentamente a su lado izquierdo y vuelve a mirar a Lola, pasmada. Luego mira al cielo. Luz vuelve a ser regular. Lola se dirige al público.

 

LOLA  (Al público). Como ven, como siempre, yo decidí mi destino. Tendría yo unos 16 años al momento de concretar la boda. Pero, como ya les he contado, desde antes de mis 11 años, mi carácter estaba más que formado. En esta ocasión, Doña Carmen Ponce de León, mi madre (Lola e Intérprete 1 se miran), por poco se desmaya cuando vio mis trenzas cortadas. Y bueno, que tomé las riendas de mi vida y de mi destino. Y mi familia no tuvo más remedio que aceptarlo. (Con marcha nupcial, Bonocio entra a escena con un pequeño ramo de flores blancas y un velo, el cual le coloca a Lola mientras ella habla. Le da las flores y se toman de las manos, uno frente al otro. Él tiene una flor blanca en la solapa). Y me casé con Bonocio Tió y Segarra en la parroquia de la Villa de San Germán, el 13 de febrero de 1860… (al público, aclarando) ya casi tenía 17 años… (Vuelve a mirar a Bonocio; se colocan anillos; él le levanta el velo a ella y la besa. Se abrazan). Fue uno de los días más felices de mi vida… al igual de nuestra temporada en París, como luna de miel… Un verdadero cuento de hadas para Lola… (Bonocio le besa la frente y, luego, suavemente los labios. Toma las flores, las besa y sale de escena feliz, mientras termina la marcha nupcial. Lola va quitándose el velo mientras habla lo próximo). Y, pues, así, me salí yo con la mía, como siempre pasó… Ah… y les comento que, allá en el infinito, he escuchado a alguien de esta época acuñar una frase como propia; pero, realmente, yo la acuñé primero, en el siglo XIX. Porque, siendo antillana, siempre hice y defendí lo que a mí me dio la gana.

 

Lola se aleja hacia el fondo (o sale) y se coloca delantal con telas rojas. Cambia la luz. Entra Bonocio.

 

BONOCIO  (Al público). Óiganme, que yo también hice lo que me dio la gana. Éramos tal para cual. Fui editor de la revista La Almojábana; dirigí el semanario El Anunciador comercial; El Diario de los Avisos, de Mayagüez; y la revista La Página, publicada en Ponce, entre otros negocios parecidos. Al principio, no tenía reparos. No me debía a nadie, solo a mis ideales. Estudié en San Germán, primero y, luego, en Barcelona, como ya les dije. Y yo estaba claro que lo mío era el periodismo, la oratoria, la defensa ante las injusticias que los opresores cometían con mi patria. Mi vida estaba bien… difícil y, a veces, un tanto peligrosa, pero bien. (Enamorado, enseña su anillo). Y, entonces, llegó Lola; y la vida se puso mejor (comienza una música de tensión).

 

LOLA (Llamando, lastimera, manos en su vientre). Bonocio…

 

BONOCIO  (Yendo hacia Lola y trayéndola hacia el frente).  Lola, ¿qué te ocurre? (Busca silla o banco para que Lola se siente y la ayuda).

 

LOLA (Adolorida). No lo sé, pero no me siento bien. Creo prudente que llames al doctor de inmediato. Lo que siento… lo que intuyo… no me gusta para nada…

 

BONOCIO  (Nervioso). Sí, sí, claro… tranquila… Ahora vuelvo…

 

Bonocio le besa la frente y se aleja hacia el fondo mientras cambian las luces a un cenital en tono rojizo o gris. La música se torna fúnebre y muy triste. Tanto Intérprete 2 como Bonocio, tal cual sombras, se van acercando por la parte de atrás de la silla o banco, diagonalmente; y, lentamente, mientras Lola habla, van halando hacia atrás, diagonalmente, unas telas rojas, que deben salir de la silla en donde Bonocio sentó a Lola. Según ella habla, ambos van llevando las telas hacia el frente, como arropando sus pies. Luego, se retiran hacia atrás, lentamente.

 

LOLA (Amarga y adolorida, agarrando su vientre, llorosa). Jamás pensé que el dolor llegase tan rápido a mi vida. Yo era fuerte, combativa, justiciera… pero lo más que quería era ser madre. Era una ilusión latente, natural… y a base de mucho amor… (Se ven las telas a los pies de Lola. Ella puede tocar o tomar las telas en sus manos, según habla). Pero, uno tras otro, fui perdiendo retoños, todos varones, como si yo no fuese digna de traerlos a este mundo; como si el destino estuviese en mi contra. Era cruel de su parte, porque yo era una buena mujer: fuerte, pero amorosa y dulce cuando me lo proponía… Y, con mis hijos, sabía que sería una madre ejemplar: firme, pero tierna a la vez. El destino no quiso que saboreara la felicidad maternal en aquellos primeros años de matrimonio. Frente a Bonocio, era fuerte y recia… pero, realmente, estaba destruida por dentro… destruida una… dos… tres… cuatro veces… (Lola suelta la pieza de tela roja de su vestuario y se levanta, dejando que la tela repose en la silla o caiga al suelo. Camina hacia el frente, un tanto hacia su derecha). Y ya, sin fe, sin esperanzas de maternidad, me dejé llevar por mis versos, secretos aún, llenos de dolor y de pena… 

 

Se escucha el sonido del llanto suave de un bebé, al cual arropa la música triste, quizás ahora, un tanto esperanzadora. Lola se llena de esperanza y se abraza el vientre. Intérprete 1 le lleva a Lola un montoncito de tela rosada, en forma de bebé, el cual Lola toma, cuidadosamente y lo arrulla. El llanto del bebé se va calmando. Mientras, Bonocio e Intérprete 2, detrás de ellas, recogen lentamente, hacia atrás, las telas del suelo. Luego, salen y la luz cambia a más claridad.

 

LOLA  (Alegrándose un poco). Y, entonces, llegó mi Patria, un 17 de marzo de 1866… Una luz en la noche oscura… Un rayo de luna llena… Era una hermosura, una alegría, una bendición. Yo la celaba mucho, verificaba su sueño a cada rato, su respiración… No quería perderla… como a los anteriores… (Lola e Intérprete 1 se miran con complicidad. Intérprete 1 le pone su mano al hombro a Lola, asiente y se aleja).

 

BONOCIO  (Entrando por derecha, va a Lola). A ver, ¿cómo están mis dos flores? Mi reina madre y mi princesita… María Dolores Elena Patricia Tió Rodríguez…

 

LOLA  (Enfatiza). Patria… (Firme). Y lo de princesita… Ya hemos hablado al respecto, Bonocio.

 

BONOCIO  (Cediendo). Bueno… (Ponderando, emocionado). Creo que, para una familia como la nuestra, tener una hija llamada Patria es lo ideal.

 

LOLA  (Bajito). Shhh, no hables tan alto, que la despiertas…

 

BONOCIO  (Bajito). Perdón…

 

Lola se dirige a Intérprete 1 y le da montoncito de tela. Intérprete 1 la coloca suavemente sobre una canasta. Lola regresa a Bonocio.

 

BONOCIO  Verdaderamente, no sé quién de los dos la protege más, tú o yo… (Lola reacciona y se dirige a escritorio, llevando la silla a su lugar. Con intención). Oye, Lola, imagino que ahora ya no habrá más tertulias aquí, ¿verdad?

 

LOLA  (Sorprendida). ¿Cómo que no? Ahora más que nunca debemos seguir con nuestras reuniones… las literarias y… (cuidadosa) las otras. (Se acerca a Bonocio). Hay que continuar divulgando la información pertinente a las denuncias que ya has hecho en la prensa. Además, aquí no se hace nada malo. Se recita, se tertulia, se hace música, se hace teatro… (Irónica). Claro, si los retrógrados componentes del gobierno siguen viendo el arte como una amenaza…

 

BONOCIO  (Cuidadoso). Lo que pasa es que aquí se hace algo más que arte…

 

LOLA  (Firme). ¡Se hace lo que se tenga que hacer para liberar a nuestra patria de las garras españolas, eso es todo! Además, ¿qué país quieres dejarle a tu hija, uno de tragedia, injusticia, silencio, acomodo y falsedad?

 

BONOCIO  (Firme). Sabes muy bien que no. Pero, de repente, las situaciones se tornan más peligrosas de la cuenta. Y eso me hace cavilar…

 

LOLA (Firme). Con mayor fervor debemos luchar ahora. Eso es precisamente lo que quieren los opresores, que divaguemos, que flaqueemos, que dudemos de nuestra fuerza. Y eso no lo podemos permitir (regresa a su escritorio).

 

BONOCIO  (Cuidadoso). Imagino que ya sabes lo que ocurrió con Ruiz Belvis, en su viaje a Chile… Una muerte demasiado misteriosa y sospechosa… Demasiado… Justo cuando buscaba apoyo del gobierno chileno para nuestra causa revolucionaria…

 

LOLA  (Apesadumbrada). Sí… Ya recibí carta de Betances… (Cuidadosa). Y, en esa misiva, me pide un favor.

 

BONOCIO  (Curioso). ¿Cuál?

 

LOLA Que escriba un himno. Y es cierto: Puerto Rico necesita un himno… algo nuestro, que nos defina, que nos convoque, que nos hermane como lo que somos: puertorriqueños. Ni bandera tenemos…

 

BONOCIO  Bueno, Betances dijo que está diseñando una… Y, de hecho, ya tiene escogida a la persona que la va a confeccionar… Mariana… Bracetti.

 

LOLA  (Triste). Sí… Pero, ¿para cuándo? (Suspira). Ay, Bonocio, qué difícil y lento es todo esto. Yo quisiera que, simplemente con tu pluma, con tus escritos y denuncias, todo se solucionase, que hubiese libertad, independencia… alegría y tranquilidad, por fin… una verdadera vida y no migajas… O injusticias, como la bendita libreta jornalera o la insidiosa esclavitud. Pero, pregunto otra vez: ¿para cuándo?

 

BONOCIO  (Cariñoso, la lleva hacia sí, abrazándola por los hombros). Lo estamos logrando, Lola, poco a poco. Los cambios a veces son lentos y hay que tener paciencia. Yo también quisiera, desde hace mucho tiempo, que mi pluma transformara todo en un paraíso, de un dos por tres… Pero no es tan sencillo… (Pausa corta. Con intención). ¿Y qué piensas hacer?

 

LOLA  (Disimulando). ¿Sobre qué?

 

BONOCIO  (Obvio, pero suave). Sobre el himno… (Continúa)

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Ivonne Arriaga, José Brocco y Michelle Quiñones (intérprete de lenguaje de señas). Foto de Cristina Martínez, cortesía de Adriana Pantoja.

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Yariel Martínez (Intérprete de lenguaje de señas) y José Brocco. Foto de Cristina Martínez, cortesía de Adriana Pantoja.

Biografía
Adriana Pantoja

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(Dramaturga, guionista, directora, productora, músico).  Nació en San Juan, Puerto Rico. Se graduó de la Universidad de Puerto Rico: Bachillerato en Artes, con concentración en Teatro, Música y Literatura Inglesa; y Maestría en Artes, con concentración en Gestión y Administración Cultural. Es fundadora y directora artística de la compañía sin fines de lucro Cuarzo Blanco, Inc., desde hace 35 años (1989 al presente). A 2024, Pantoja ha escrito, dirigido y producido 46 obras teatrales, presentadas en Puerto Rico y el extranjero. Nueve de estas obras se han publicado en cinco libros: Teatro de muerte (Publicaciones Puertorriqueñas, 2002, ganador de Mención de Honor de PEN de Puerto Rico Internacional 2003); Los niños también cuentan (Publicaciones Puertorriqueñas, 2003); Serie de teatro de cámara (Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2004, ganador de Mención de Honor de PEN de Puerto Rico Internacional 2005); Teatro de la locura (Publicaciones Puertorriqueñas, 2005); y Casandra nuestra (Editorial EDP, 2023). Aparte de sus propias piezas, Pantoja ha dirigido y producido 11 obras latinoamericanas. En 1996, a través de Cuarzo Blanco, Inc., generó la Serie de Teatro de Cámara, dándole a varios de sus pares una oportunidad de expresión dentro de las lides de la dramaturgia y la dirección teatral. Esta emprendedora  productora creó, en 2004, el Primer Congreso de Dramaturgia de Puerto Rico; y, en 2015, realizó el segundo. Igualmente, en 2004, comenzó su carrera cinematográfica con el cortometraje, Resolution, galardonado en Cinefiesta 2004 y presentado dentro y fuera de Puerto Rico. Luego de este comienzo en las lides del cine, Pantoja ha escrito, dirigido y realizado los siguientes cortometrajes: Ironía (2004); El sueño (2005); Historias repetidas a.k.a. La manzana (2006-7); Sin dejar rastro (2008-2009); Silencios… (2012); Agonía (2017); y #inciert@ (2022). En 2009, comenzó un proyecto de lecturas para niños, LEAMOS TODOS JUNTOS; y, en 2011, formalizó los primeros conciertos con acceso para sordos, al igual que el primer programa radial con acceso para sordos vía Internet, además de ondas radiales, Artefusión (www.artefusion.org), el cual ya lleva sobre 550 programas, en 13 años. En 2021, creó el primer registro de dramaturgos de Puerto Rico, REDRAM-PR (www.redrampr.org). Sus piezas teatrales Dentro del sueño (2015) y Doble cara (2022) han ganado, respectivamente, Mención de Honor de PEN Puerto Rico Internacional 2016 y Premio Nacional de Teatro de PEN Puerto Rico Internacional 2023.

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