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ENTREVISTA
Por Zaida Corniel

“(…) la IA desuella, descuartiza el proceso creativo y de retención, se alimenta de lo ya escrito para producir plagios, textos vacuos y sin personalidad…”.

“El Caribe se traduce de la misma forma en que se traduce cualquier otra región: ¡desde adentro!”.

Kianny N. Antigua escribe desde el miedo

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Kianny N. Antigua tiene mucho que decir sobre la escritura, la enseñanza y la traducción. Su extensa bibliografía como autora, editora y traductora la colocan como una de las más importantes voces literarias de la diáspora dominicana en los Estados Unidos. Sus títulos incluyen narrativa, poesía y cuentos infantiles.

En esta breve conversación, hilada a través de un correo electrónico, las respuestas de Kianny revelan a una escritora consciente del lugar que ocupa y desde donde habla como mujer, caribeña e inmigrante.  

Z/C/ Has incursionado en varios géneros literarios, desde la poesía, el cuento, la novela y la literatura infantil. ¿En cuál género te sientes más cómoda escribiendo y por qué?  

K/A/ El cuento, para cualquier edad, es donde me siento más entera. No tengo la paciencia necesaria para las novelas y respeto la poesía de una forma distinta; podría hasta decir que me intimida.

 

Z/C/ En tus cuentos infantiles has integrado temáticas difíciles de abordar en este nivel de lectores, como la muerte, el racismo, la migración, entre otros. ¿Cuáles consideras son los retos de la literatura infantil en una sociedad cada vez más compleja y dominada por la inteligencia artificial?

K/A/ Los retos no son los temas bien llevados, sino las editoriales que se rehúsan a publicarlos por temor a romper con las tradiciones, enojar a la comunidad religiosa y/o fanática, o de derecha extrema, etc. Por otro lado, el uso de la inteligencia artificial, a mi entender (como profesora, creadora y madre) ha venido a devorar tanto nuestra creatividad como nuestra honestidad. En los campos en los que me desenvuelvo, la IA desuella, descuartiza el proceso creativo y de retención, se alimenta de lo ya escrito para producir plagios, textos vacuos y sin personalidad, altera la realidad visual y todo esto falto de humanidad y la chispa, el desasosiego, las pruebas y el misterio que nos lleva a la creación.

 

Z/C/ En tu narrativa aflora el sentido del humor, la violencia y, en algunos casos, lo macabro, específicamente en tu novela Caléndula y los cuentos de Bestezuela. ¿Cómo es tu proceso de escritura, la historia impone el tono o viceversa?

K/A/ El texto manda, siempre. Alguna vez alguien me hizo la misma pregunta y en ese entonces respondí que escribía muchas veces desde el miedo; como con las pesadillas: nombro para que no se den, para que no se hagan realidad. Nombro asimismo porque lo macabro también es parte de nuestras realidades.  

Z/C/ En Caléndula enmarcas la novela en un ambiente rural donde predomina la oralidad y la religiosidad popular, ¿cómo fue tu experiencia escribiendo este libro y cómo la compararías con tu proceso como cuentista? ¿Para ti, qué marca la diferencia entre escribir un cuento y una novela?

K/A/ Recuerdo que, cuando se me ocurrió escribir sobre ese personaje (un hombre a quien se le recordaría por su devoción por la virgen de la Altagracia, por lo malo que fue y por el trabajo que le dio morirse), se lo comenté al escritor José Acosta y él se emocionó tanto que su euforia me contagió. “Eso es una novela”, me dijo, “¡tienes que escribirla!”. Conociéndome yo, le dije que lo intentaría pero que primero escribiría un cuento a ver qué tal salía. Así fue. Escribí “La corona” y lo envié a un concurso donde le dieron un premio y esa fue la patadita. Decidí cumplir mi promesa y escribir una novela corta, donde cada capítulo se sintiera como un cuento. Así fue.

Es importantísimo notar que la historia de don Fermín y Yeya, me llegó con la cabeza llena de rolos, metida en un secador en un salón de belleza dominicano. Mi amiga y estilista de entonces le contaba a alguien sobre la condición de su papá quien, ya estando muy viejo y enfermo, no podía morirse. Se iba, parecía morirse por algunos minutos y luego revivía. Yeya, su cuidadora, siempre a su lado. ¡Cómo no se le enciende la mecha a una que ya tiene la cabeza metida en la boca del infierno!

 

Z/C/ Eres una de las pocas autoras dominicanas interesada en divulgar el trabajo de tus colegas y, además, en reclamar un espacio dentro de las letras dominicanas. En Aquí hubo una mujer (Books & Smith en NYC y Últimos Monstruos (Ed. en Sto. Dgo.  2018) publicas una antología de tus propios cuentos premiados. Un acto que podría leerse como desafiante ante la invisibilidad de las escritoras en las antologías y, a la vez, un posicionamiento donde no cabe la modestia y el silencio que “deberíamos” cultivar las mujeres. Además, hay un guiño y una respuesta al verso de Aída Cartagena Portalatín, “Aquí hace falta una mujer y esa mujer soy yo”.  Por otro lado, en 10 dominicanas de letras: homenaje & antología (DWA, 2019), compilas una serie de historias sobre autoras dominicanas de diferentes generaciones y me llama la atención que les hayas pedido a los escritores escribir sobre ellas, ¿Cuál fue el propósito de esta decisión?

K/A/ No existe escritora y escritor modesto. Se escribe y se desea compartir lo escrito (aunque la timidez o los traumas nos cubran a veces del síndrome de impostor e impostora y nos dé vergüenza admitirlo, admitir que somos y queremos). Por otro lado, recuerdo haber leído el libro Mujer que llamo Laura: y otros cuentos premiados (Editora Nacional 2012) del autor dominicano Aquiles Julián y quedé fascinada con la diversidad y el aplomo de sus cuentos. Dado el hecho de que más de una docena de mis cuentos habían sido premiados y andaban desparpajados por ahí, algunos publicados en antologías otros no, se me ocurrió hacer lo mismo: compilar mis cuentos premiados, reunirlos en un mismo lugar. Sin embargo, y como te puedes imaginar, dudo mucho que a Aquiles Julián se le leyera o tildara jamás de desafiante y poco modesto.  

Con 10 dominicanas de letras: homenaje & antología (DWA), deseaba compartir las trayectorias (personales y como inmigrantes) de estas escritoras a las que admiro tanto y, por supuesto, una mordidita de sus trabajos literarios con estudiantes de secundaria y universitarios, y no quería hacer lo mismo de siempre: poemas/cuentos y biografía. Así que se me ocurrió contratar a una ilustradora que dibujara sus perfiles y que ya fuera un amigo o amiga cercana escribiera un texto (ficticio o real) sobre ellas que contara algo que la biografía no pudiera contar. La mayoría de las escritoras apuntaron a ese escritor amigo que terminó escribiendo en su honor y, en otros casos los escritores mismos se ofrecieron o yo hice la sugerencia. Al final, Aurora Arias escribió un texto académico esplendido sobre Marianela Medrano, Osiris Mosquea escribió un ensayo íntimo sobre su difunta amiga Mélida García y yo escribí un pequeño ensayo en honor a Camila Henríquez Ureña.      

 

Z/C/ Como traductora has cuestionado la idea del “idioma universal” en desmedro de los localismos, específicamente los dominicanismos, y recientemente diste una charla en Worcester State University titulada “Translating mi Caribe”. ¿Sería posible resumir en esta entrevista cómo se traduce este Caribe?

K/A/ El Caribe se traduce de la misma forma en que se traduce cualquier otra región: ¡desde adentro! Lo que pasa es que hay otras regiones que han tenido el poder lingüístico y político y la suerte mercantil de que se les respete su(s) cultura(s) y dialecto(s); mientras que a nuestro Caribe se le ha relegado a lo que venga. No tiene sentido que un texto de un escritor mexicano que vive en Chicago y escriba una historia que toma lugar en Pilsen sea traducido por un inglés (de allá, de Inglaterra), ¿cierto? Que en vez de “elevator” digan “lift”, “pavement” en vez de “sidewalk” y “mate” en vez de “friend”, por ejemplo. ¡Un total absurdo! Pero no lo ven igual cuando se trata de nuestro Caribe y terminan traduciendo un texto de una escritora dominicana, con personajes también dominicanos del Bronx llamándoles “cotilleos incomprobables” a los chismes, “chanclas” a las “chancletas” y “you church girls are all freaks”: “vosotras, las chicas beatas, sois bichos raros”. Give me a break!

 

Z/C/ ¿Cuál ha sido la decisión más difícil que has tenido que tomar como traductora?

K/A/ No aceptar un trabajo que me hayan ofrecido porque A) la casa editorial no accediera a poner mi nombre en la portada; y B) aceptar trabajos por pagos insultantes y/o con el tiempo encima solo porque quiero colaborar con tal escritora. El trabajo de traductora aún no ha conseguido el respeto que merece.

 

Z/C/ En Estados Unidos hay más de 57 millones de hispanohablantes, ¿crees que esa presencia se ve reflejada en las editoriales estadounidenses? En otras palabras, ¿estas firmas están interesadas en publicar en español o en traducir a sus autores?

K/A/ El mercado se sigue desenvolviendo alrededor del inglés: es más fácil que una casa editorial de prestigio (es decir, con poder y recursos) te publique en español si ya has publicado en inglés, entonces se negocia la traducción al español, o si eres una escritora o escritor latinoamericano o español con trayectoria en tu país de origen y residencia. A quienes vivimos en este país y escribimos en español, independientemente de nuestra trayectoria y publicaciones, nos la siguen poniendo muy difícil; se nos sigue ignorando.

 

Z/C/ ¿En qué libro o proyecto estás trabajando ahora que puedas compartir con nuestros lectores?

K/A/ ¡Ay, qué emoción! Tengo varios libros dirigidos a la infancia en cartelera y en espera de negociación, un poemario tímido cuyo editor ya espera (pero me aterra enviarlo) y un par de cuentos sueltos que quién sabe el destino que les espera. A diferencia de los años anteriores, el 2025 fue un año de introspección para mí, de descanso (emocional y físico, aunque hubo mucho voleibol y kickboxing) y Camino.  

“Los retos no son los temas bien llevados, sino las editoriales que se rehúsan a publicarlos por temor a romper con las tradiciones, enojar a la comunidad religiosa y/o fanática, o de derecha extrema, etc.”.

“No existe escritora y escritor modesto. Se escribe y se desea compartir lo escrito (aunque la timidez o los traumas nos cubran a veces del síndrome de impostor e impostora y nos dé vergüenza admitirlo, admitir que somos y queremos)”.

“A quienes vivimos en este país y escribimos en español, independientemente de nuestra trayectoria y publicaciones,

nos la siguen poniendo muy difícil; se nos sigue ignorando”.

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Biografía
Kianny N. Antigua 

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Es escritora, traductora, editora y profesora titular de español en Dartmouth College. Ha publicado en los géneros de narrativa, poesía y literatura infantil. Sus textos aparecen en diversas antologías, libros de texto, revistas y otros medios, y han sido traducidos al hindi, italiano, inglés y francés.

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