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Platicando con...

Actualizado: 2 nov

En esta ocasión EntreTmas Revista Digital se complace en platicar con el poeta, novelista y dramaturgo chileno Gustavo Gac-Artigas.

¡Ojalá lo supiera! Ayer, en el año 1968, salí de mi tierra, Chile, la cabeza llena de pajaritos, a recorrer Latinoamérica en busca de mis orígenes, de mi pueblo, de la revolución, del canto de los oprimidos, de mi futuro. A decir verdad, en busca de mí mismo.Con el pasar del tiempo aprendí que es más fácil salir que encontrarse.


Regresé a Chile tras el triunfo de Allende, vino el golpe, y sus consecuencias, salí de una cárcel expulsado a París, allí volví a recomenzar mi búsqueda, a reconstruirme, a zurcir heridas, las del cuerpo, las del alma no es tan fácil, y te pueden devorar. De lo que estoy seguro es de que allí encontré el amor; en medio de una fiesta de un millón de personas, la Fête de l’Humanité, viniendo de la escena central apareció Priscilla. Yo, inexperto actor, me congelé, apenas logré musitar una frase, e imitando a Gerard Philipe me incliné, besé su mano y musité, enchanté. 45 años más tarde sigo enchanté y Pris con sus hermosos ojos abiertos de par en par, moviendo la cabeza de derecha a izquierda, de izquierda a derecha repitiéndose desde hace 45 años, c’est pas vrai.


Largo viaje, que comenzó en la biblioteca de mi padre, en Temuco, bajo las lluvias eternas, perdido en los bosques ayer salvajes, hoy domesticados y en vías de desaparición, en las tormentas del océano aprendí que soy navegante sin brújula y sin mapa, que cada cruce del camino, cada nuevo libro es una aventura, y lo confieso, soy un aventurero. Cada libro, cada verso es un puerto, no de llegada, de partida, por aguas desconocidas.



Ustedes lo saben, son del oficio, pedirle a un escritor, a un poeta, que hable de su obra es pedirle que abra su corazón, que se desangre frente a un lector.


Hay preguntas que no tienen respuesta y que si las tienen son más bien otras preguntas. Es necesario volver la mirada a nuestro mundo interior, sea real o imaginario, en mi caso no sé cuál duele más, cuál produce mayores alegrías: un verso saliendo al aire, un libro saliendo para caer en manos de un lector, un libro que se pierde en las estanterías esperando una mano que dé vida a sus amarillentas hojas, un libro que queda al fondo del tintero.


Hablar de la escritura me lleva a los comienzos; como todos, comencé leyendo, leyendo no de palabras, eso vino después, leyendo con mis ojos, con mis heridas, con mis oídos, con la yema de mis dedos, todo me era extraño y ello me enseñó a encontrar la fuente de mis escritos. No en mí, fuera de mí.


Luego aprendí a escribir, primero palotes, palotes surgiendo del tintero y luego de la pluma, al comienzo temblorosos, luego desafiantes con la fuerza de la juventud; luego fueron perdiendo su aspereza, redondeándose, formando una vocal, una consonante. Se unieron para formar palabras, se separaron como los matrimonios cuando la costumbre les hizo perder su significado, se volvieron aventureras para crecer en otros significados. Así aprendí que hay que mancharse los dedos para sacar las palabras del tintero, que no se escribe con guantes, a menos que se escriba con palabras vacías.

Comencé mirando, comencé a escribir escuchando, comencé poniendo la palabra en boca de un personaje, la subí a escena, la vi morir en una réplica al caer el telón, la vi renacer en el espectador. Así aprendí a aceptar, como dice Roland Barthes, que el autor tiene que morir para renacer en el lector-espectador y cada obra es un suicidio del ego.


Como gestor cultural soy un fracaso, afortunadamente, cuando termino un escrito este salta a manos de Priscilla que los edita, crítica implacable, que los traduce desde que tradujo ese enchanté cargado de amor, que me permite seguir escribiendo mientras, al igual que los personajes de Pirandello, busca que lleguen a manos de un, una lectora.


En lo que respecta a los artículos de opinión, publicados en Chile, Nueva York, España, son gritos que aterrizaron en un artículo, voces que existen tras las noticias, tras un hecho común, tras un individuo común, los olvidados de la tierra, esos de los que nadie habla y vagan por el mundo en busca de otro mundo, más amable, más justo, donde puedan descansar antes de continuar su camino.



Como Pirandello tengo seis poemarios en busca de un lector:


confieso que escribo/i confess that i write (2022), un poeta en la ciudad/a poet in the city (2023), las cadenas de sor juana/sor juana’s fetters (2023), y aún queda espacio en mi mochila (2023), una cueca larga para chile (2023) y mientras vivo mi olvido (2023).


Algunos se encuentran en manos de editoriales, otros traduciéndose, tarea en la que participo desde lejos cuando me piden definir un sentimiento ya olvidado, amnesia de escritor para no repetirse.


En el presente, el día a día, cada mañana un verso, una palabra, un sueño, cada noche una pesadilla, cada mañana, a través de la escritura sigo buscándome a mí mismo, busco acercarme a mi futuro.


En unos meses cumpliré 80 años, y como cada vez que miro a Priscilla diré enchanté.




Poema



frente a una bola de cristal


qué nos espera

si la humanidad perdiera la curiosidad de leer

si la máquina predominara sobre la mente

si el pensamiento se uniformara

si tuviéramos respuesta a todas nuestras preguntas


qué nos espera si el día de mañana silenciaran al poeta


quién transformaría el dolor en canto

quién haría que de la herida brotara una flor

quién haría que el olvido fuera llevadero

que el futuro no fuera una amenaza

que la soledad fuera acompañante

que el ser humano no fuera su verdugo

que el amor no naufragara en el tiempo

que los piececitos de niño no continuaran azulosos de frío


quién cuidaría del último rayo de luna

y acompañaría el primer rayo de sol por las mañanas

la curiosidad deslizándose entre ambos


qué quedaría de la historia

no la oficial

la del alma


qué pasaría en una tierra despojada del verso

donde el poeta desaparezca silenciosamente

dejando de ser el ser inútil que es hoy en día




Este año, la 17ma Feria del Libro Hispano/Latino Queens está dedicada al escritor chileno Gustavo Gac-Artigas.



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