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Platicando con...

EntreTmas Revista Digital se complace, en esta ocasión, en acercar a nuestros lectores a la poeta, comunicóloga y periodista mexicana Lucía Rivadeneyra.



¿Quién es Lucía Rivadeneyra? Me lo he preguntado muchas veces. Qué difícil contestar… Nací en Morelia, “la ciudad de los párpados rosados”, como la llamó Pablo Neruda, en Michoacán, México, el 26 de agosto de 1957. Soy comunicóloga por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en donde también cursé la maestría en Letras. Desde que tengo memoria, me abrazaron las palabras y yo a ellas. Mi abuelo, abogado, era un lector compulsivo. Sin que él ni yo lo advirtiéramos, me ofreció un taller de lectura espléndido. Naturalmente, mi madre estaba contagiada de referencias poéticas y mi padre, médico, de música y narrativa. La combinación fue perfecta. En mi formación profesional, el periodismo y la literatura siempre me coquetearon y me sedujeron. La vida académica, por fortuna, fue un enamoramiento imprevisto. A mediados de los años ochenta, aunque ya había publicado en varios suplementos culturales, en medio de un ambiente laboral sofocante, empecé a asistir al taller de poesía de Homero Aridjis y en ese tiempo armé un poemario, lo envié a un concurso y gané mi primer premio nacional de poesía. De ahí en adelante, ya no tuve duda de que “la vida está en otra parte”. Supe que la poesía era mi aliada. A través de los años, me ha dado todo: placeres, intensidades, amigos, viajes, amores, desamores... Hace muchos, muchos años, una terapeuta me dijo: “¡ay, Lucía, pero tú eres una amorosa!”. Salí de aquella sesión casi dando brincos de alegría. Ocho días después, cuando me preguntó: “¿cómo estás?”, le dije: feliz por tu calificativo. Lo que pasó en el resto de la sesión ya no lo puedo comentar, pero aquí sigo deteniéndome en las palabras, en concreto en la poesía, en medio de cualquier vorágine. Soy, en orden de aparición: viajera, profesora de la UNAM desde 1981, madre, por decisión, de Pablo Andrés y una mujer que siempre apuesta por la palabra y la libertad, la música y la danza. Tengo debilidad por el flamenco. Escribo por necesidad y siempre, aunque no escriba, leo.

 

He sido merecedora de los Premios Nacionales de Poesía “Elías Nandino”, “Enriqueta Ochoa” y “Efraín Huerta”. Asimismo, en 2023, la UNAM me otorgó el Reconocimiento Sor Juana Inés de la Cruz. Tengo publicados los poemarios Rescoldos, En cada cicatriz cabe la vida, Robo calificado, De culpa y expiación y la antología Rumor de tiempos. Estoy incluida en más de 40 antologías, algunos poemas míos han sido traducidos al inglés, al francés, al griego, al purépecha y al italiano. He ejercido el periodismo en medios de circulación nacional y colaboro desde hace alrededor de 15 años en la página mujeresnet.info. Tengo publicados ensayos de corte académico en más de una docena de libros editados fundamentalmente por la UNAM, sobre temas que me apasionan como el periodismo, la literatura, el cine y el feminismo (durante sus últimos 8 años, fui colaboradora de la revista fem, pionera en el tema en América Latina). De diversas formas, he realizado promoción cultural y colaborado en revistas y suplementos culturales, organizado mesas redondas, presentaciones de libros y participado en programas de radio y televisión.

 

Entre mis planes, deseo seguir con mi labor docente, en la que intento contagiar de poesía y del placer por la lectura a quien se deje. Continuar con mis colaboraciones periodísticas y académicas, escribir y no puedo decir más porque tengo un poco de alma gitana.  

 

 

POEMA

  

Estilos

 

 No todas las mujeres

tomamos amareto.

 

A mí me gusta el whisky,

la cerveza, el tequila

y, en momentos inciertos, el martini.

                             

También hay mujeres de resonancias

                                       /conventuales

que confiesan su gusto por rompopes

de almendra o de vainilla, sin canela;

pero dicen que a veces se marean.

 

Por eso yo prefiero las bebidas

que no se hacen pastosas

en la lengua, bebidas

que no embriagan con trampas

semidulces; bebidas

transparentes, que ayudan

a poner la verdad en nuestros labios.

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