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Platicando con...

Para EntreTmas Revista Digital es una gran satisfacción presentarles en “Platicando con…" a la curadora, crítica de arte, docente, poeta e investigadora cubana  Amalina Bomnin Hernández .



Considero que una respuesta unívoca sobre quién es Amalina sería engañosa. No porque estime que describirme sea una labor insondable, sino porque todos los seres humanos no sólo somos lo que consideramos, o creemos, de nosotros mismos, sino que también estamos constituidos por aristas que, en ocasiones, no alcanzamos a advertir de forma muy precisa. Si intentáramos una definición diría que soy una persona sumamente curiosa, que no ha perdido su capacidad de asombro, empática, resiliente, y que le apasionan los nuevos desafíos. Soy migrante, condición que nos convierte en seres con una capacidad enorme de enfrentar desafíos, o también, si nos desenfocamos, puede tornarnos en perversos. La migración es una “movida de piso” que puede resaltar lo mejor o peor de los humanos. Creo que en mi caso me ha servido para percatarme de cuando estoy en presencia de uno u otro caso, se trate de personas que tengan similar condición o no. Te desarrolla una capacidad especial para “catar” sensibilidades. Lo que sí puedo asegurar es que a Amalina le encanta reírse de sí misma, y tiene ciertas habilidades para que no le pasen “gato por liebre”.

 

Si se tratara de conocer quién soy, al calor de la literatura, podría decir que escribo desde que tengo trece años. Lo hice porque siempre sentí que la realidad me era insuficiente. Debía inventarme otros universos, otros tiempos-espacios, bifurcaciones o divergencias que me permitieran disentir respecto a mi entorno. Probablemente buscaba lectores cómplices que sintieran que habían llegado a casa, o un lugar más seguro, cuando se identificaran con mis reflexiones. La poesía es el sitio más seguro que he tenido a través de mi existencia.

 

Me licencié en Historia del Arte por la Universidad de La Habana, en Cuba (1994). En aquellos tiempos hacía mis pininos desde la crítica de arte. El taller que dictaba Adelaida de Juan me sirvió para conocer que, probablemente, desde ese trabajo podría sustentarme en el futuro. Había dos asignaturas donde siempre obtenía el máximo de las calificaciones. Una era Estética, la otra era Taller de Crítica. Con veintitrés años comencé a trabajar en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales de Pinar del Río, en mi provincia natal. Recién graduada formé parte del único taller literario al que he asistido: “El barco ebrio”, que dirigía el poeta cubano Juan Carlos Valls. Ahí conocí a escritores valiosísimos: Gleyvis Coro, Juan Ramón de la Portilla, José Félix León, Joaquín Badajoz (aunque a Jochy lo conocía ya porque habíamos estudiado juntos en el preuniversitario), Ernesto Ortiz, David Horta, por sólo mencionar algunos nombres. Durante varios años dirigí el Centro de Artes Visuales de Pinar del Río con un equipo de personas que me permitió aprender mucho del trabajo colaborativo. Curé exposiciones colectivas para dos ediciones de la Bienal de La Habana, formé parte del “Colectivo Ars Nabis”, hicimos happenings, performances, intervinimos una discoteca, y nos manejábamos con unos niveles de precariedad alarmantes, pero nunca he sabido de cansarme con facilidad. Gestionaba buses con el Sectorial Provincial de Cultura para visitar y participar de las exposiciones que se inauguraban en la capital, de manera que los artistas de Pinar del Río siempre estaban “encima de la bola”. Había que contar con ellos sí o sí. El acto de promover a tantos artistas creo que me ofreció placenteros momentos. Al mismo tiempo, hacía reseñas y ensayos para la revista ArtNexus sobre las exposiciones más importantes que se inauguraban en Cuba. Eran tiempos difíciles, pero nunca me amilané.

 

En el 2010 emigro a Ecuador donde he dictado cátedra en varias universidades. Desde el 2014, inicié mi desempeño en Universidad de las Artes y durante diez años he formado a varias generaciones de cineastas, escritores, bailarines, actores y artistas multidisciplinares.

 

Mi propia historia de vida junto a una visión crítica de lo que acontecía en la isla me motivó a explorar posibilidades creativas que no estuvieran constreñidas al desarrollo de eventos en espacios cerrados. La calle, las plazas, las discotecas, otros sitios que no fueran precisamente la galería o el museo me resultaban más atractivos para interactuar con el público. Arribé a Ecuador en 2010. Convertirme en migrante, repito, ha sido una experiencia sin émulos. Este es un país con una economía poco competitiva y dolarizada, dependiente de los ingresos del petróleo, con un regionalismo extremo, una institucionalidad muy frágil y una violencia estructural marcada, pero le agradeceré siempre haberme recibido. El aula se convirtió en mi felicidad. El tránsito de mi trabajo anterior para convertirme en profesora a tiempo completo creo que ha sido la vivencia más hermosa que he tenido. Cuando pasan los años y te encuentras con exalumnos que confiesan guardar aún los cuadernos de tus clases, recuerdan la pasión de las conversaciones, o los textos que les mostraron otras aristas sobre el arte, la pedagogía y la importancia de pensar la creación más allá de la disciplina y el mercado es cuando cobra sentido ese trabajo silencioso y casi ascético del profesor. En los últimos años he organizado con los estudiantes eventos y festivales alrededor de la práctica del arte de acción, pues considero que es una de las manifestaciones desde donde podemos tener una incidencia mayor en el espacio público. Emplear el cuerpo artísticamente forja una capacidad de desinhibición e iniciativa personal que advierto necesaria en el Ecuador, un país con un contexto colonial alarmante y unos niveles de violencia inconmensurables. Las estructuras institucionales no apoyan en mayor medida al desarrollo artístico porque existen muchas limitaciones económicas y burocráticas.

 

En el 2023, tras un episodio personal de lamentables consecuencias, decido recopilar tres cuadernos de poesía, junto a otros textos que escribí en los primeros meses del año. Gracias a El Ángel Editor publiqué mi primer libro: Golosinas caníbales. Se trata de un poemario que reúne más de 33 años de mi vida. También retomo la producción de performances que había comenzado en el año 2003 en Cuba. Los de ahora con énfasis en la situación política de Ecuador, cuestiones relativas a la inmigración y aspectos sociales como el narcotráfico y sus efectos globales.

 

Al mismo tiempo que producía mi libro inicié la serie “Secuelas de franqueza”. Se trataba de varias acciones que han tenido lugar desde el uso de la performance. Ha habido un proceso, quizás paulatino (contrario a como suelo ser de rápida en mi proceder diario) que me condujo desde aquellos proyectos donde buscaba desbordar la experiencia artística hacia la calle, las discotecas, u otros sitios, desde lo performativo, hacia estas piezas de ahora. La primera de ellas fue Estado de litio, donde realicé un recorrido de 14 kms con una cruz de madera de 30 libras encima de mis hombros, un chaleco antibalas y varias flores blancas que esparcía por la ciudad, en lugares donde han tenido lugar episodios de violencia. Comencé bordeando la Catedral Metropolitana hasta llegar hasta el Barrio Centenario en Guayaquil. Al regreso del recorrido cercenaba con un hacha la cruz hasta desmaterializarla.

 

Luego realicé I like Ecuador and Ecuador likes me, remembranza de la pieza mítica de Joseph Beuys, que en este caso se convierte en una suerte de ofrenda ritual a la ciudad y el país que me acogió como emigrante. Ofrecer 18 millones de besos a la tierra equivale a besar la misma cantidad de habitantes que tiene Ecuador. Se convirtió en un gesto de agradecimiento, al tiempo que reconciliación.

 

Esta pieza ha tenido varias acciones realizadas en diferentes sitios de la ciudad. La última de ellas fue un recorrido desde mi casa, donde desayuno, me dispongo a tomar el taxi, llego a la Universidad de las Artes, dicto mi clase y regreso a la casa de manera mecánica, como una suerte de figura fantasmática envuelta en una sábana blanca, tal como se representan los espectros. Se trata de activar la vitalidad que debe acompañar a todo ser humano y que, por un periodo extenso, sentí había menguado de manera considerable.

 

Tengo en producción mi segundo libro de poesía “Cuando un solsticio es lo único que tengo”. Actualmente trabajo en algunas curadurías que se realizarán durante este año, y es probable que el siguiente. Continuaré mi serie “Secuelas de franqueza” con la realización de performances, y ojalá podamos continuar la organización de la tercera edición del festival “Cuando las actitudes devienen performances”.

 

Poema

(de mi libro inédito “Cuando un solsticio es lo único que tengo”)

 

Densidad 


Nada suena aquí

más que mis pulsos

por eso he conseguido un juego nuevo

difieren de los viejos aquellos más ruidosos

propios de una época confusa

estos más leves, sin alardes

ambos dueños de casa.

También suena el reloj

mis tripas y las puertas.

El cartero ni pasa

como antes a las cuatro

acelerando su triciclo

cuando traía la certeza

de alcanzar otro lunes.

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