Nos complace compartir la obra teatral El espacio entremedias, de Fernando Travesí (España). El autor nos regala un texto teatral basado en casos reales en los que diversas familias han decidido criar a sus bebés sin un género asignado al nacer. Lo que para unos es un adelanto en la postura que promueve la libertad de identidad de género, para otros es una ruptura con normas socioculturales establecidas que favorecen actitudes inflexibles y limitan el sentido de identidad al negar los derechos a la libertad, la diversidad y la igualdad.
La lucha por el derecho a elegir quiénes somos, más allá de los marcadores socioculturales, es un tema inevitable para unos padres que quieren ofrecerle a su bebé algo revolucionariamente diferente a lo que la sociedad ha estructurado como una crianza aceptable. En este momento especial en que se amenaza la desaparición de muchas de las conquistas ganadas en beneficio de comunidades no binarias y no heteronormativas, El espacio entremedias nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre una variedad de temas que, más allá de la construcción de género, nos estimulan a pensar sobre el rol de la familia, el estado, la educación, la sociedad, la tecnología y la responsabilidad política de discutir y luchar por el derecho humano a la autodefinición.
¡Buena lectura!
El espacio entremedias[1]
Fernando Travesí ©[2]
El espacio en total oscuridad.
Aunque aún no pueda verse, un sofá y una mesa de café esperan en el centro del escenario.
A ambos lados, en extremos opuestos y perfecta simetría, reflejándose como si fuera la imagen de un espejo, dos estudios de trabajo. Burbujas infranqueables en las que transcurrirán las vidas de los protagonistas.
Son exactamente iguales: cada estudio con una mesa y una silla de trabajo, una lámpara de lectura, una pantalla de ordenador, un portátil, unos auriculares grandes, altavoces inalámbricos… y cualquier otro aparato que contribuya a crear un templo a la modernidad, un altar tecnológico. La maraña de cables y cargadores que se descuelga por los lados de las mesas hasta un enchufe multi-toma nos recuerda que la tecnología, por muy sofisticada que sea, siempre tiene un lado prosaico.
Aunque aún no pueda verse, en el centro del escenario, tras el sofá, hay una gran pantalla sobre la que se podrá proyectar y realizar juegos de sombras.
Escena 1
La oscuridad se rompe con el brillo blanquecino de una tableta. La tiene tan cerca de la cara que ilumina su rostro.
Está de pie, delante de su burbuja, concentrado. Pasando páginas digitales y dirigiendo su vida a golpe de clics.
En algún momento, rompe la cuarta pared para hablarle al público. Igual que se habla con un viejo amigo con quien nos ponemos al día.
ÉL En realidad, al principio, para mí no era tan importante. Pero me convenció o me dejé convencer, que para el caso es lo mismo. Nunca he podido evitar sentir una simbiosis, ¡casi una fusión!, con quien me enamoro. Termino hablando como ella, pensando como ella, copiándole los gestos… A veces pienso que es por admiración, otras que es una manera inconsciente de tenerla conmigo todo el tiempo, incluso cuando no está presente... Otras veces creo que, simplemente, no tengo suficiente personalidad. O al revés, que tengo muchas personalidades que aparecen y desparecen, que destacan o se pierden, según sea la persona a quien amo. ¿Quién no cambia un poco cuando se enamora, no?
En todo caso, yo nunca lo había pensado. Al menos con tanta profundidad. Pero lo fui descubriendo a través de horas y horas de conversación. Entendí la dimensión, las complejidades, el objetivo… Por eso, cuando me lo propuso, aunque yo no estaba completamente decidido, su determinación y convencimiento me convenció a mí. Estábamos aparcando el coche en el parking del supermercado y me acuerdo de que pensé por qué habría elegido ese momento, y no otro, para proponérmelo en serio. Sin haber acabado ese pensamiento, me oí decirle que sí, que me parecía bien. Se puso tan contenta que yo me enamoré aún más… Si eso fuera posible, claro.
La luz se apaga e inmediatamente la luz blanquecina de otra pantalla, otra tableta, ilumina el rostro de Ella.
También está de pie, delante de su burbuja, concentrada consultando estadísticas e información en su librería digital.
Rompe la cuarta pared para dirigirse al público. Igual que se habla en la tarima desde la que se da una clase, una conferencia.
ELLA De todos ustedes, calculo que en el mejor de los casos solo me entenderá un, digamos, 15 o 20 por ciento. Otro 20 por ciento me comprenderá a medias añadiendo siempre un “pero”: Pensará que puedo tener algo de razón en el fondo pero que yerro en las formas; que la causa es importante pero que no vale la pena; que es un tema trascendental pero que hay otros más urgentes... Otro 40 por ciento me desaprobará con mayor o menor vehemencia por razones, sociales, científicas, morales o religiosas… Y el 20 por ciento restante pensará, directamente, que estoy loca. Que soy una extremista, una radical peligrosa que quiere cambiar el mundo y el orden establecido de las cosas. Me da igual. Me ha costado mucho tiempo de mi vida aceptar y entender que pienso como pienso... Sacudirme las dudas, eliminar las vacilaciones y asumir que mi visión del mundo es la correcta. O al menos, es la que yo siento correcta después de darle muchas vueltas. Seguro que alguno, sobre todo de ese último 20 por ciento, piensa que soy una arrogante. Pero si supieran lo que se complica la vida cuando se intenta ser coherente, se darían cuenta de que la arrogancia no tiene nada que ver.
Oscuro
Escena 2
El chasquido de un encendedor y dos velas rompen la oscuridad.
Él prepara una noche romántica: recoloca las velas en la mesa, acomoda unos cojines en el sofá y elige una canción en su teléfono antes de empezar a preparar unos cócteles. Lo hará bailando suavemente, saboreando el momento y moviéndose sensualmente al swing de la canción Stop, de Joe Henry .
Ella aparece en el umbral de la puerta y sonríe con el rostro iluminado por la posibilidad.
Deja tiradas en el suelo del pasillo las preocupaciones y el cansancio y entra en el salón vistiendo su mejor seducción.
El ritmo de la música les ha puesto una cita en el centro del salón. Él llega con dos copas.
Ella con los labios listos para un beso.
Primero un brindis, después un pequeño sorbo. Un compás de la música se transforma en un abrazo. Las notas, en caricias que fluyen. Sin atascarse con ningún obstáculo, con ninguna prenda de ropa.
Como quien cae de repente a un agujero, a una piscina de agua fría, el llanto agudo y desesperado de un bebé irrumpe, e interrumpe, el momento. Va in crescendo, retumbando por todos los rincones del salón, clavándose en sus tímpanos y llenándoles de frustración. Tanta, que terminan derrumbándose la una en el otro. Un abrazo muy distinto al que esperaban.
Con el ánimo con el que sobreviven los vencidos, Ella sale apresurada por el pasillo. A Él la derrota le pesa tanto que se derrumba en el sofá.
Al instante, aún entre el eco de los llantos, Ella vuelve a entrar buscando algo con ansiedad.
ELLA ¡¿Dónde está?!
Él le extiende un chupete blanco que saca del bolsillo y Ella lo agarra para volver a salir a toda prisa.
Sin embargo, aunque se sigue oyendo el llanto desconsolado del bebé, Ella vuelve a aparecer en el umbral para matizar su derrota.
ELLA Cariño, son las doce y siete minutos. Hace siete minutos que ha empezado tu turno…
Con la tranquilidad y la contundencia con la que los jueces imparten justicia, Ella le tiende el chupete.
Él se levanta con sumisión para acatar la sentencia. Su último deseo, en lugar de un cigarrillo, es beberse la copa de un trago, para coger fuerzas. Le quita el chupete con resignación y sale despacio por el pasillo.
Al fondo, el bebé llora.
Ella apaga las velas, la música y se desploma en el sofá. No tardará en quedarse dormida.
Oscuro
Escena 3
Sentados en sus estudios, concentrados frente a sus computadores y con los auriculares puestos, ambos trabajan obsesivamente en sus respectivos proyectos.
El ambiente escénico se va cargando con dos músicas que se superpondrán. Él, está escuchando Parla piú piano, de The Speakeasies' Swing Band. Ella, La Lune, de Zaz.
Cada vez que uno de ellos se quite los auriculares, su música dejará de oírse en la sala.
La canción continuará cuando vuelva a ponérselos.
ÉL (Quitándose los auriculares y hablando al público). Hay padres que tienen grandes sueños, grandes proyectos para sus hijos o para sus hijas... Muchos quieren que sean especiales, que crezcan y cambien el mundo, que hagan algo de tal envergadura que los permita pasar a la posteridad. Ser recordados por la Historia en lugar de, como nos pasa a casi todos, perdernos tarde o temprano en la oscuridad de la memoria…
Se pone los auriculares,
su música vuelve a escucharse en la sala, y vuelve al trabajo.
ELLA (Repitiendo la misma acción). Nuestro bebé, sin embargo, nació hace casi tres años y, desde el primer día, generó una revolución. No en todo el mundo, claro, pero sí en esta ciudad de mala muerte en la que vivimos donde ha puesto a todo el mundo a cuestionarse el modo en el que ven las cosas, cómo piensan, lo que están dispuestos a tolerar y lo que no…
Se pone los auriculares, su música vuelve a escucharse en la sala, y vuelve al trabajo.
ÉL (Ídem). Teniendo en cuenta cómo van las cosas, quizá cuando haya crecido y tenga uso de razón, no tendremos más remedio que mudarnos de aquí e irnos lejos. Muy lejos. Para que los comentarios de los que hoy nos rodean no deformen la imagen que se haya hecho de sí mismo o de sí misma. Para que unos no le admiren, ni le engorden el ego, contándole que ha sido parte de la expedición pionera que conquistó Marte... Para que otros no le traten con superioridad, con compasión o, peor, con el desdén y el desprecio con el que los brutos e ignorantes tratan todo aquello que no entienden… Sí, en pocos años, quizá cuando ya tenga siete u ocho, no tendremos más remedio que irnos, mudarnos a algún lugar en el que nadie sepa nada de su infancia. Para que así pueda seguir viviendo tan libre como vive hoy.
Se pone los auriculares, su música vuelve a escucharse en la sala, y vuelve al trabajo.
ELLA (Ídem). En algún momento de su desarrollo, los bebés empiezan a moverse de forma independiente. Comienzan a gatear, van llegando cada vez un poquito más lejos, luego aprenden a levantarse, a mantener el equilibrio, después a caminar y, finalmente, a correr. Es un proceso natural. Una evolución. Para nosotros, tomar la decisión fue igual. Yo, reconozco, tenía algunas dudas al principio, pero prestar atención a las idioteces que tuve que escuchar durante los nueve meses de embarazo, terminaron por convencerme. Tomar la decisión fue relativamente fácil. Porque sabíamos que estábamos en lo correcto. Lo difícil fue hacerla pública. Bueno, aguantar la presión cuando la hicimos pública. Y mira que nos documentamos, ensayamos, nos preparamos y tomamos aire y fuerzas… Pero ni en la peor de las suposiciones nos hubiéramos imaginado la que nos iba a caer…
Se pone los auriculares, su música vuelve a escucharse en la sala, y vuelve al trabajo.
Oscuro
Escena 4
Ambos siguen trabajando en sus estudios. Ella, ahora, en penumbra y silencio.
Él, alumbrado por sus pantallas y una luz de trabajo, bebe café tratando de luchar contra el cansancio. El público oye la canción Simply Falling, de Iyeoka que Él escucha en sus cascos de diseño.
Como siempre que caminamos por el universo tecnológico, la atención se le resbala al teléfono donde encuentra un mensaje de voz de WhatsApp. Se quita los casos (El público dejará de oír la música). y escucha el mensaje en altavoz mientras sigue trabajando.
Como a menudo hacemos cuando estamos solos, dialogará con él con sus gestos.
En el fondo del escenario, la pantalla se ilumina por detrás para mostrar la silueta de una mujer que habla por teléfono mientras prepara la comida.
ABUELA (Voz en el mensaje). Hola hijo…. (Para sí). ¿Se graba esto o no se graba?... Bueno, espero que se esté grabando… (Vuelta al mensaje). Hijo, buenos días, espero que esto se esté grabando… A ver, que llamo para pedir perdón, hijo. Lo siento mucho. Creo que me puse un poco nerviosa. Las cosas se acumulan y, bueno… dije cosas que no estuvieron bien. Lo siento de verdad. Es que esto, la verdad, aún me cuesta mucho… Más toda la tensión, la incertidumbre… Vamos, que me cuesta entender por qué tenemos esta vida tan rara cuando podríamos tener una vida de lo más normal… Que lo siento, hijo, que me perdonéis, por favor. (Un breve suspiro le permite cambiar de tono y de tema). Por cierto, que no se te olvide encargar el diésel para la calefacción. Dicen que van a bajar muchísimo las temperaturas este fin de semana así que no quiero que os pille con la caldera medio vacía, ¿eh? Yo acabo de hacer un pedido de leña para la chimenea y he hecho otro para vosotros. Yo os lo regalo. Carísima la leña este año, por cierto. Se está subiendo por las nubes esa mujer. Habría que decírselo, pero claro, a ver quién se lo dice después de tantos años… Es lo que tienen algunas relaciones, que es difícil decir las cosas. Les he pedido que os lo lleven el sábado por la mañana que sé que estáis en casa. Bueno, hijo, un beso. Me llamas luego.
Él vuelve a su trabajo. La luz de su estudio se atempera mientras se acentúa en el de Ella. El ambiente se empieza a llenar con la música que ella escucha en sus auriculares: Twist in My Sobriety, de Tanita Tikaram.
Está hipnotizada frente a su pantalla, buscando alguna idea genial en algún rincón de su cerebro.
Pero la idea no llega y ya nadie sabe esperar en estos tiempos sin mirar el teléfono. Al hacerlo, descubre que tiene un mensaje de voz.
Al pulsar para escucharlo se interrumpe la música. Como casi siempre que estamos solos, dialogará con él con los gestos.
OFICINISTA (Voz en el mensaje). Hola otra vez, como quedamos esta mañana le llamo para darle una respuesta: el Comité no encuentra méritos para revisar su decisión. Se remiten de nuevo al argumento que ya le comunicaron. Le leo textualmente la respuesta… a ver… desde aquí: “… la nueva Junta Directiva ha sido elegida en un proceso transparente y democrático de acuerdo con los estatutos de la institución y tiene, entre sus prerrogativas velar por la convivencia en el Colegio y decidir los esquemas y las normas que regulan todas sus actividades. La decisión en el caso de referencia 00875B/2 se encuentra ajustada a la normativa y, por tanto, no se encuentran méritos para proceder a una revisión”. Eso es lo que dice, yo no le puedo decir más…. Le acabo de enviar la resolución a su correo. Pero bueno, sí le confirmo que, como me pidió, la cita con el director ya está confirmada para el jueves a las 11:30 am. Cualquier cosa, me avisa. Que tenga buen día.
Oscuro
Escena 5
En la sala de espera, Ella está sentada en el sofá enfrascada en su teléfono.
El Director aparece, lleva un dosier bajo el brazo y se debate entre invitarla a pasar a su despacho o no. No lo hará. Tras un saludo cortés pero seco, se crea un silencio tenso.
El Director es quien lo rompe.
DIRECTOR No tengo nada nuevo que decirle. Entiendo que ya le han comunicado la decisión del Comité.
ELLA Sí, lo han hecho. Y me gustaría que pudiéramos resolver esto de forma amistosa y razonable.
DIRECTOR Pues creo que, una vez resuelta su apelación, la manera razonable de resolver esto es acatar la decisión del Comité.
ELLA La decisión del Comité no ha considerado la voluntad de los padres...
DIRECTOR (Interrumpiendo y hablando con infinita paciencia). Eso no es cierto, Señora. Se les ha escuchado atentamente y se ha valorado su opinión, pero los miembros del Comité han tomado una decisión dando prioridad al interés del niño.
ELLA (Corrigiéndole). Del infante o de Alex, si no le importa. Y el interés de Alex lo decidimos su padre y yo, no ustedes.
DIRECTOR Mire Señora, francamente, yo no me voy a pasar la vida teniendo esta conversación. La doy por zanjada una vez utilizados los procedimientos reglamentarios. La decisión es clara. El expediente de su hijo…
ELLA (Corrigiéndole otra vez). De Alex, por favor. Le agradecería que utilice su nombre solamente. Gracias.
DIRECTOR En todo caso, el expediente está incompleto… Y en este colegio no podemos tener (Con paciencia y precaución). “un alumno o una alumna” con un certificado de nacimiento que está incompleto.
ELLA Es que el certificado no está incompleto. Ustedes insisten en evaluarlo de forma errónea.
DIRECTOR Eso lo dice usted. Para este colegio, un certificado de nacimiento que no establece el género del alumno… o de la alumna… está incompleto. Y ustedes, como padres, tienen la obligación de subsanarlo.
ELLA Quiero que me explique claramente por qué necesita saber si Alex es niño o niña… ¿Es qué piensa usted educarlo de manera distinta?
DIRECTOR La educación en este centro es igualitaria.
ELLA Entonces el sexo de Alex es irrelevante.
DIRECTOR Señora…
ELLA Si lo desvelamos, Alex caerá automáticamente en el mundo de estereotipos de lo que un niño o una niña puede o no puede ser, debe o no debe hacer... ¡Justo en el tipo de educación que su padre y yo no queremos! Aunque usted no lo crea, la única manera de evitarlo es mantener el secreto hasta que Alex se forme la identidad de género que quiera… ¿No lo entiende?
DIRECTOR Mire Señora, yo no tengo especial interés en saber el sexo de Alex. Es usted quien debería tener interés en saberlo; y en que su hijo crezca con claridad y sin confusiones.
ELLA Como comprenderá, yo soy plenamente consciente de su sexo biológico porque le he parido y cambio los pañales… Y Alex va descubriendo su cuerpo poco a poco, al modo y con los límites de su edad… Pero la identidad aún está en formación cuando son tan pequeños…. ¡¿Cuántos informes e investigaciones más les tenemos que traer para que lo entiendan?! Estamos empeñados en que crezca en un ambiente en total libertad, que pueda desarrollarse sin presiones, sin mensajes, sin clasificaciones ni etiquetas hasta que decida. ¿Qué problema hay? Ocurrirá en dos o tres años. No es tan complicado, por favor, es cuestión de dejar las cosas fluir unos años más.
DIRECTOR Bueno, pues yo no puedo tener un expediente incompleto “unos años más”. Lo lamento, la norma es la norma y mi trabajo es hacerla cumplir. La decisión está tomada y ratificada por el Comité y ustedes tienen un plazo limitado para subsanar el expediente.
ELLA ¿Y si no?
DIRECTOR Bueno, me lo pone usted difícil… Supongo que si no quieren acatar las normas entonces tendrán que buscar otro colegio donde acepten un certificado de nacimiento que ustedes se niegan a presentar correctamente.
ELLA ¿Está expulsando a Alex?
DIRECTOR No, le estoy diciendo a la madre de Alex cuáles son los requisitos que se tienen que cumplir para permanecer en el colegio. Es muy distinto.
ELLA La Ley está de mi parte.
DIRECTOR Eso se lo puede preguntar usted a un juez a ver qué dice. Igual se lleva una sorpresa…
ELLA Mire, vamos a ser sinceros y hablar claro: esto no tiene nada que ver con las regulaciones del colegio. Alex ya estaba matriculado y no había ningún problema. Todo estaba bien hasta que llegó usted.
DIRECTOR Voy a pasar por alto el ataque personal, Señora. Este colegio adolecía de problemas de gestión, de coordinación interna y muchas, muchas, inconsistencias en sus procedimientos. Yo fui nombrado por la Junta Directiva para resolver todos esos problemas. Y es exactamente lo que estoy haciendo.
ELLA No, lo que está haciendo es imponernos su ideología a través de reglas administrativas con pequeños cambios cada día: nada más llegar dio un paso atrás con el uso de los baños; después, cambia a la maestra de Alex (cuando ya habíamos acordado con ella que guardara el secreto a la hora de cambiarle los pañales); ahora, el certificado… Que no se le olvide que en este colegio hay mucha gente, muy diversa y con muchas maneras diferentes de ver la vida. Y usted debería ser el responsable de saber conjugarlas todas.
DIRECTOR (El caudal de paciencia del Director, que ya era un gota a gota, se seca definitivamente). Gracias por indicarme cómo tengo que hacer mi trabajo. Y como tiene usted tanta claridad en cómo son las cosas, no necesitaré recordarle que, de acuerdo con la resolución del Comité, tienen 30 días para subsanar la deficiencia del expediente y aportar un certificado de nacimiento de… Alex, en el que su género esté claramente establecido. Buenos días.
ELLA Eso va en contra de lo que su padre y yo hemos decidido para su desarrollo.
DIRECTOR Pues entonces, con toda libertad, tendrán que buscar un entorno que encaje mejor con lo que ustedes buscan. Yo cumplo las normas que tiene este colegio para crear un ambiente sin confusión ni incertidumbres para los niños.
ELLA Y nosotros, como padres de Alex, queremos un ambiente libre y flexible donde no se les pongan etiquetas pre-establecidas antes de que se desarrolle su identidad…
DIRECTOR Bueno, pues dado que su visión y la de este colegio no coinciden, me parece que la solución está clara.
ELLA Se le olvida que la educación es un derecho.
DIRECTOR Y a usted que en todo espacio común hay reglas y procedimientos. No viven solos en el mundo, ¿eh? He recibido ya muchas quejas de padres, y también de alumnos, preocupados porque creen que ustedes están imponiendo su propia filosofía en el colegio...
ELLA No meta a los alumnos en esto. Está completamente demostrado que los niños son tolerantes por naturaleza y este tema les da absolutamente igual... Somos los adultos y la educación que les damos lo que les cambia. ¡¿No le hace eso pensar?!
DIRECTOR Mire, en su casa pueden hacer lo que quieran (yo lo siento mucho por Alex por el daño y las consecuencias que pueda sufrir) pero aquí…
ELLA ¡Alex no sufre ningún daño! Al revés, es completamente feliz y totalmente libre, se expresa como quiere, juega y se viste como le da la gana y no tiene el cerebro limitado por un mundo dividido en azul y rosa... El mundo es mucho más complejo, señor mío, y queremos que Alex tenga una mente lista para entender esa complejidad cuando sea mayor. Esa debería ser la manera de educarlos.
DIRECTOR Muchas gracias por su lección magistral. Ahora, si me disculpa, tengo otra reunión y poco más que decir en esta. Tienen treinta días para subsanar el defecto administrativo y otros colegios en la comarca a su disposición si no están de acuerdo con cómo entendemos aquí la educación. O también pueden seguir en su casa el experimento que están haciendo con su hijo.
ELLA ¿Experimento? Ya, claro… ¿Y usted no experimenta, no? ¿Quién no experimenta al fin y al cabo? Sí, criar a un hijo, la educación, es un experimento. Y lo que usted hace, también, solo que usted es tan arrogante que no se da ni cuenta…
DIRECTOR (Apuntando en una libreta y sin mirarla). Gracias por su visita. Buenos días.
Oscuro
Escena 6
Él está en su ordenador, trabajando concienzudamente mientras suena Sandman, de Kirsty McGee en sus auriculares.
Igual que en tantas ocasiones, se auto-interrumpe mirando el teléfono y descubriendo que tiene un mensaje de voz.
Lo escucha sin dejar completamente sus actividades. Como siempre, dialoga con los gestos.
ABUELA (Habla para sí, peleándose con la tecnología. Su voz se mezcla con ruidos del teclado y roces en el micrófono). ¿Hola?... ¿Hola?... Yo creo que este dichoso teléfono no funciona… ¿Estás ahí hijo?... ¿A ver? ¿Hola? No, esto no funciona… qué desastre por Dios. Bueno hijo, no estoy segura de que esto se esté grabando o no… así que me llamas luego…
El final del mensaje nos devuelve la música por unos instantes más.
Él, preparado para usar el manos-libres y dispuesto a mantener una conversación mientras sigue haciendo un montón de tareas más, ordena a su teléfono: “¡Llamar a mamá!”
El teléfono, fingiendo ser sumiso, cumple la orden.
Al fondo del escenario, la pantalla vuelve a iluminarse por detrás para mostrar la silueta de la Abuela, como si fuera una sombra chinesca. Plancha, dobla y ordena una inmensa pila de ropa mientras habla desde algún lugar remoto. Como si hubiera un gran espacio entremedias. Un océano hecho de distancia, tiempos y diferencias en el modo de pensar.
ABUELA Hola hijo, te he llamado antes.
ÉL Mamá, cuando dejes un mensaje y veas que el dibujo del micrófono está en verde, eso es que está grabando. A partir de ahí ya todo se oye…
ABUELA ¿Pero cuál? No hay nada que se ponga en color verde aquí, hijo…
ÉL Si me estás hablando, mamá, y yo te estoy oyendo… el micrófono de tu pantalla tiene que estar ahora mismo en verde… Cuando dejas un mensaje es igual.
ABUELA ¡Ah! ¿Pero esto de aquí quiere ser un micrófono? Pues hijo, está horriblemente mal dibujado… Alex haría un dibujo mejor. Si parece un calabacín…
ÉL ¿Por qué alguien iría a poner la imagen de un calabacín en la pantalla de un teléfono, mamá?
ABUELA Hijo, qué sé yo… hoy día se puede esperar cualquier cosa. Todo es tan difícil… Como lo de la piñata, hijo, que no veas cómo se me está complicando.
ÉL Si se está convirtiendo en un problema, mamá, no te preocupes. No hace falta que traigas nada.
ABUELA Ya sé que no hace falta pero es que yo quiero regalarle la piñata… Y ya sé también que me pongo un poco pesada y todo lo pregunto, hijo, pero es que tengo que andar con pies de plomo para no meter la pata… ¡Que ando nerviosa todo el día pensando que voy a cometer un error!
ÉL Pues nada, mamá, déjalo.
ABUELA O te desocupas un momento y vienes conmigo y me ayudas. ¡Lo primero, lo primerísimo que me preguntaron fue si era para un niño o una niña!
ÉL Tú no tienes que explicarles nada, mamá… No te dejes liar.
ABUELA Pero algo les tendré que contestar, ¿no? ¡No me voy a quedar callada como una muda! Además, reconozcámoslo, es una pregunta de lo más normal. ¡Yo no sé cómo hacéis vosotros cada vez que os preguntan o tenéis que rellenar un formulario, la verdad! ¿Entonces, qué digo yo? Pues les digo que “los padres de mi nieta o nieto” …
ÉL Si utilizas directamente el nombre propio, mamá, te evitas el problema del género en el sustantivo.
ABUELA Pues voy y digo que “sus padres no quieren nada muy de niño ni muy de niña porque no quieren fomentar estereotipos de género, ni limitar la educación en un sentido o en otro”.
ÉL ¡Muy bien, mamá! ¡Muy bien! ¡Está muy bien explicado!
ABUELA Claro hijo, porque me lo tengo aprendido de memoria. Los de la tienda me escuchan amablemente, pero, por supuesto, no entienden nada y me empiezan a traer unas piñatas de superhéroes y otras de princesas, unas azules, otras rosas… ¡No hay quien salga de ahí!
ÉL ¡Bravo, mamá! ¿Te das cuenta? ¡Te estás convirtiendo en uno de nosotros! ¡Yahoo! ¡Bienvenida a este lado de la realidad!
ABUELA No te burles encima, ¿eh? Que yo me aprendo todo eso de memoria para ponerme de vuestro lado. ¡Y porque me da vergüenza tener que confesar que ni yo sé aún el sexo de mi “nieta o nieto”! Si quieres les explico que sus padres son unos radicales que se lo ocultan a todo el mundo, ¡incluyéndome a mí! para protegerle de los “mensajes perversos de una educación sexista”!
ÉL En el fondo nos entiendes, mamá…
ABUELA No, hijo, no. Yo repito lo que decís vosotros como una máquina porque me tengo que amoldar a lo que pasa… Pero eso no significa que entienda nada ni que me resuelva el problema de no saber qué tipo de abuela soy.
Mientras continúa la conversación en la distancia, como en una ensoñación, en algún momento Él se perderá detrás de la tela blanca.
Su silueta ayuda a la de su madre a doblar sábanas.
ÉL El tipo de abuela no debería cambiar por serlo de un nieto o una nieta. Eres una abuela estupenda de una personita de tres años, mamá.
ABUELA ¡Pero que es, además, una personita niño o una personita niña!
ÉL Ya nos lo hará saber…
ABUELA Pero es que eso no se decide, hijo.
ÉL Efectivamente, mamá, por eso mismo no podemos decidirlo nosotros por Alex. Hay que respetarlos incluso mientras son bebés: que sean pequeños no nos da derecho a decidir por ellos en algo así. Alex lo tendrá claro en unos años… es una cuestión de paciencia y respeto, nada más.
ABUELA Hijo, yo no quiero decir nada, pero creo que lo estáis llevando demasiado lejos. Que guardaseis la incógnita durante el embarazo, todavía… Pero mantenerla después a toda costa… Y ahora estos problemas en el colegio...
ÉL Mamá…
ABUELA Es que se está convirtiendo en el chisme de todo el mundo, hijo mío. Y con vuestro afán de no encasillarle en “futbolista o en bailarina”, va a quedar etiquetado como la rareza del pueblo. Eso es lo que dice la gente…
ÉL Lo que diga la gente da igual, mamá.
ABUELA No, hijo, no. En eso te equivocas. Lo que dice la gente importa, e importa mucho. Quizá no tendría que ser así y quizá no sea así en otros sitios, pero aquí es como es: lo que dice la gente importa. Y yo me doy cuenta de que cuando aparezco en algunos sitios la gente empieza a cuchichear…
ÉL Eso es problema de ellos.
ABUELA No, hijo, no. Que cuchicheen de nosotros es también un problema nuestro. Perdona que te lo diga, hijo, pero creer que uno vive en una burbuja es un poco arrogante… Todo el mundo tiene que encontrar la manera de encajar donde vive. Todos lo hemos hecho… En el lugar y el tiempo que nos toca.
ÉL Si así fuera, mamá, nunca habría cambiado nada.
ABUELA Las cosas hay que cambiarlas, sí, pero poquito a poco y sin poner en riesgo la estabilidad de uno. ¿Lo entiendes, hijo? También hay que ver los tiempos, las limitaciones… Y me parece que estáis yendo demasiado rápido, o demasiado lejos, en un entorno que no está preparado para esto y ¡donde nadie tiene más de dos dedos de frente!
En algún momento de la conversación, Él va saliendo de detrás de las sábanas para regresar a su burbuja a continuar con sus tareas en su universo digital.
La abuela sigue planchando. Ahora, prendas más pequeñas.
ÉL Entiendo lo que quieres decir mamá, y te lo agradezco. Pero lo tenemos muy hablado, muy pensado y muy decidido. Es nuestra manera de entender la vida y de intentar dejar el mejor mundo posible para Alex.
ABUELA ¡Pues no quiero decir nada, pero podrías haber elegido la batalla del cambio climático! Me parece que es mucho más urgente y, desde luego, nos daría muchos menos problemas.
ÉL (Riéndose a carcajadas). Nos vemos el domingo. No traigas nada.
ABUELA O sea que no vienes conmigo a elegir la piñata.
ÉL No me da tiempo, mamá.
ABUELA Yo creo que trabajas demasiado. Tanto que no tienes tiempo para tu madre. Bueno, ya haré yo lo que me dé la gana…
ÉL Te esperamos sobre las doce.
ABUELA Lo que sí voy a llevar son unos ventiladores… Tengo en el sótano dos grandes que ya no uso y si no corre brisa, hace mucho calor en el jardín... Dicen que este es el verano más caluroso de los últimos 23 años. Ya habrás visto los incendios tan terribles. ¡Qué horror! Bueno, y os llevo unos vinos: el otro día encontré unos estupendos a muy buen precio así que compré una caja para vosotros…
ÉL Como quieras mamá, gracias. Hasta el domingo.
ABUELA Besos, hijo.
Oscuro
Escena 7
Dos luces cenitales iluminan de nuevo cada estudio. Él y Ella, como siempre, aislados, trabajando frenéticamente en sus burbujas con los auriculares puestos.
Suena In a Manner of Speaking, de Nouvelle Vague en los auriculares de Él. Suena Une Belle Histoire, de Eva sur Seine en los de Ella.
El ambiente se va llenando con la música de los dos y con un concierto de avisos sonoros de mensajes y notificaciones de correos electrónicos, redes sociales etc., que los mantiene saltando de pantalla en pantalla.
El sonido característico de la llegada de un correo electrónico en la bandeja de entrada de Él, destaca sobre los demás. Él empieza a leer mientras su rostro se va tiñendo de preocupación.
Ella recibe el aviso de un mensaje de voz que activa para escucharlo sin dejar de teclear.
FUNCIONARIO (Voz en el mensaje). Buenos días, este es un aviso del Departamento Municipal de Servicios Sociales para comunicarle que, debido a la recepción de una denuncia por abuso y/o maltrato infantil en estas dependencias, se ha procedido a la apertura de un expediente de verificación. En cumplimiento de la Ley de Protección del Menor 78/ de 18 de septiembre de 2016 y la Ordenanza 348/2019 que la convierte en política pública de acción prioritaria en esta comarca, le informamos que tiene un plazo máximo de 24 horas para ponerse en contacto con nosotros. De lo contrario este departamento tomará las acciones oportunas en cumplimiento de su protocolo de actuación…
Ella detiene el mensaje y, alarmada, marca para hacer una videoconferencia.
El característico sonido de Skype suena en el computador de Él quien interrumpe su lectura para contestar.
La pantalla del centro del escenario se enciende para mostrar las imágenes de los dos: ambos rostros, amplificados, en primer plano, durante la videoconferencia.
ELLA Cariño, no te imaginas el mensaje que acabo de recibir…
ÉL De Servicios Sociales…
ELLA ¿Cómo lo sabes? ¿Te ha llegado a ti también?
ÉL Me acaba de llegar una notificación formal por correo electrónico. Estoy leyendo el expediente… Tiene que ser un error.
Continúa la lectura mientras habla. Cada renglón, cada pedacito de información, acentúa su preocupación que irá convirtiéndose en angustia.
ELLA Ha sido el hijo de puta ese del Director del Colegio… desde que ha llegado todo son obstáculos….
ÉL ¿Obstáculos?! ¿Esto te parece un obstáculo? ¡Nos están abriendo una investigación por maltrato a Alex! ¡¡Esto es mucho más que un obstáculo!!
ELLA Vamos a mantener la calma, cariño, tú tranquilo.
ÉL ¡Tranquilísimo! ¿No me ves? ¡Estoy tranquilísimo!
ELLA Hazme el favor de no subir la voz y no gritar. No quiero que Alex te oiga y absorba la tensión... A esta edad son como esponjas.
ÉL Me parece que no te estás dando cuenta de la dimensión del problema.
ELLA Tenemos que hablar.
ÉL Imprimo esto y bajo.
ELLA Te espero en el salón.
Con una rápida transición de luces, Él y Ella desconectan la video-conferencia, salen de sus estudios y se encuentran en el centro del escenario.
La pantalla central está ahora en negro.
Él lleva en la mano un documento de varias páginas que entra leyendo. Le desborda una mezcla de furia, preocupación y frustración.
ÉL ¡¿Le dijiste al Director del Colegio que estamos haciendo un experimento con Alex?!
ELLA Yo no he dicho eso.
ÉL ¡¡Pues lo dice aquí!! Abro comillas, “Sí, criar a un hijo, la educación, es un experimento”, cierro comillas.
ELLA Está sacado de contexto.
ÉL ¿Pero cómo se te ocurre?
ELLA Eso es parte de una conversación más amplia. Él era quien nos estaba acusando de estar haciendo un experimento con Alex y yo le dije que la educación en general, ¡incluida la suya!, es siempre un experimento…
ÉL ¿Pero no te das cuenta de que ahora lo usa en nuestra contra? ¡No me puedo creer que esto esté pasando!
ELLA No te preocupes, todo va a salir bien.
ÉL Eso es lo que repiten y repiten todos los ingenuos hasta que las cosas salen mal.
ELLA Vamos a pensar qué hacer…
ÉL (Fuera de sí). ¡Eso, pensemos! (Haciendo referencia al documento que tiene entre manos). ¡Y mientras pensamos pueden venir a casa a hacer una inspección en cualquier momento, entrevistar a miembros de nuestra familia o de nuestro círculo social, solicitar que nos hagan un análisis psicológico e incluso, si encuentran motivos suficientes, retirarnos la custodia de Alex como medida cautelar! ¿Pero estamos locos, o qué? ¿Esto qué es?
ELLA Es ese director hijo de puta, ¿quiere guerra? Pues va a tener guerra. Necesitamos un buen abogado.
ÉL ¡Eh, eh, eh, no te embales!… Para ahora mismo. ¡No nos vamos a meter en una pelea legal!
ELLA Vale, pues no peleamos. Ahora, mientras tú vas extendiendo la alfombra roja yo preparo la maletita de Alex para que se lo lleven cuando quieran, ¿no? ¿Eso es lo que quieres?
ÉL ¡Pues claro que no! Y no te pongas sarcástica que no lo soporto.
ELLA Ni tú sumiso porque yo tampoco lo soporto.
ÉL ¡No es sumisión! Quiero algo entremedias. ¡No se puede vivir la vida siempre considerando los extremos solamente, por Dios!
ELLA ¡Ah! Que soy yo la extremista. Ok, vale…
ÉL Lo que estoy diciendo es que tenemos que encontrar una solución práctica porque las cosas se nos están yendo de las manos. Mira, yo sé que nos costó mucho conseguirlo, pero podríamos ceder en lo del certificado…
ELLA ¡No, que te veo venir!
ÉL Podríamos considerarlo, por lo menos para evitar esta confrontación.
ELLA ¿Pero no lo ves? El certificado no es más que una excusa y el primer paso. Esto va a ir a peor.
ÉL ¿Peor que esto?
ELLA Necesitamos un buen abogado.
ÉL ¡De ninguna manera!
ELLA No tenemos opción. ¡Nos están acusando de maltrato! No podemos echarnos para atrás ahora. Si lo hiciéramos, no solo no habríamos logrado nada, sino que, peor, estaríamos consolidando justo el mundo que no queremos para Alex… ¿Te das cuenta?
ÉL ¿Y Alex? No quiero que su vida se convierta en un campo de batalla…
ELLA Necesitamos un abogado, cariño. Esto solo lo puede resolver un juez. Un juez que siente precedente, que cambie las cosas y que allane el camino para los que vengan detrás.
ÉL ¡¿Y si falla en contra?!
ELLA Eso no puede ocurrir.
ÉL ¡Pues claro que puede ocurrir! ¡¡Hay jueces de todo tipo!! Mi madre resulta una revolucionara al lado de alguno de ellos. ¡Claro que nos puede salir una sentencia en contra!
ELLA Apelamos hasta que ganemos. Estamos en el lado correcto.
ÉL ¿Pero qué estás diciendo? ¿Te estás escuchando? ¿Te has vuelto loca?
ELLA Al contrario, cariño. Eres tú el que no se está dando cuenta de todo lo que está en juego. Por eso necesitamos un buen abogado.
ÉL ¿Tú sabes el dinero que esto nos puede costar?
ELLA Bueno, ya nos arreglaremos... Si nos hace falta, podemos pedir ayuda a algunos amigos, hay asociaciones… A lo mejor nos vendría bien un poco de visibilidad, ir a la prensa, que la gente sepa de este abuso...
ÉL No me puedo creer que esto esté pasando. ¿Y Alex?
ELLA Para cuando Alex sea consciente de su historia, ya habrá terminado todo.
ÉL Claro que habrá terminado… ¡Lo que no sabemos es cómo!
ELLA Todo va a ir bien, no te preocupes.
ÉL ¡No vuelvas a repetir eso! ¡Me pone muy nervioso porque no significa nada! “Todo va bien” hasta que deja de ir bien y empieza a ir mal. ¡“Todo va a ir bien” también lo han dicho todos los perdedores de la Historia!
ELLA Tranquilo, por favor.
ÉL Corremos muchos riesgos…
ELLA Eso ya lo sabíamos desde el principio…
ÉL No, no nos engañemos: este riesgo no lo teníamos previsto. Si nos vamos a meter en esta locura al menos seamos sinceros con nosotros mismos...
Suena el timbre de la puerta.
Ellos se quedan congelados.
El timbre suena por segunda vez.
Él la mira con aprensión.
Oscuro
Escena 8
Ella está en su estudio, moviéndose de un extremo a otro como lo hacen las fieras encerradas.
Sostiene el teléfono frente a su boca y habla mezclando el tono autoritario y mecánico con el que va dando órdenes al aparato y las emociones que le provoca oírse pronunciar el contenido del mensaje.
ELLA ¡Redactar correo electrónico! (Suena un bip confirmación). ¡Correo nuevo! (Suena otro bip). ¡Destinatario, Colegio (guion bajo) Dirección! (Otro bip). Asunto: ¡Expediente de Alex! (Otro bip). Estimado Señor Director (coma) dando seguimiento a nuestra conversación (coma) tengo que informarle que próximamente nuestro abogado se pondrá en contacto con usted (punto y seguido) Hemos interpuesto una demanda al colegio por … (Cambiando de tono, llenándose de dudas). No, no me gusta…. ¡Borrar! (Suenan los pitidos de confirmación mientras ella comprueba en la pantalla). ¡Borrar… borrar, borrar, borrar! ¡Redactar! (Bip). Su falta de colaboración (coma) intransigencia y cambios de criterio (coma) no nos dejan otra alternativa que recurrir a la justicia para proteger nuestro derecho de educar a Alex de acuerdo con nuestras convicciones (punto) Por lo tanto (coma) hemos interpuesto una demanda contra el centro que usted dirige para que un Juez nos garantice el derecho básico que (coma) hasta su llegada (coma) veníamos ejercitando con total normalidad (punto y aparte). Atentamente (coma) ¡Insertar firma! (Bip). ¡Revisar ortografía! (Ella vuelve a mirar a la pantalla). ¡¡Ok, cabrón, te vas a enterar!!! ¡NO! ¡NO! ¡Borrar, borrar…borrar… borrar! (Vuelve a repasar el mensaje rápidamente). ¡Enviar! (Suena el sonido característico del mensaje enviado). Ahora sí: cabrón te vas a enterar.
Con una sonrisa se pone los auriculares. En ellos, y en el ambiente se oye la canción Uprising, de Muse que hará el puente hasta la siguiente escena.
La música le llena de energía y le hace bailar en la intimidad de su estudio mientras la luz va declinando hacia lo oscuro.
Escena 9
La luz va iluminando el otro estudio donde Él trabaja compulsivamente.
En algún momento, Él decide romper la cuarta pared y dirigirse al público. Igual que se habla en la soledad del diván del psicoanalista.
Al quitarse los cascos, antes de empezar a hablar, la música desaparece bruscamente.
ÉL Quizá, en la vida todo es una cuestión de timing. No se trata solo de hacer lo correcto sino también de hacerlo en el momento adecuado. Quizá lo correcto no lo es tanto si lo hacemos en el momento inoportuno. ¿Quién sabe? ¿Quién puede saber? La vida es pura incertidumbre. Y solo se entiende cuando ya ha pasado.
Por ahí avanza, adentrándose en el campo de batalla, un ejército defendiendo su causa. Como todos los ejércitos, cree que su causa es justa. Pero en todas las batallas (con la tensión, el ruido y la violencia) siempre se pierde la perspectiva y, al final, no es fácil distinguir dónde termina la justa causa y dónde empieza la locura.
Ahí viene el ejército luchando en nombre de la libertad, la igualdad y la justicia. Lo encabeza un abanderado que va abriendo camino. Liderando, guiando al grupo que, a su vez, le respalda. Es la simbiosis perfecta. Pero ¡espera! Algo pasa, las cosas se están desorganizando: el abanderado se acelera, está caminando más deprisa de lo que le corresponde y ha dejado al grupo atrás. No se da cuenta de que su ejército necesita un ritmo más pausado y que él debe controlar su ansiedad por llegar al pueblo. Que nada tiene sentido si no avanzan juntos. Que nadie gana ninguna batalla en solitario...
Camina demasiado rápido, con el paso firme de los que están convencidos de estar en el lado correcto de la historia. Y ahora, el abanderado acaba de entrar solo por la calle principal.
“Ahí viene el loco de la bandera” dicen en el pueblo.
Vuelve a su ordenador, a seguir trabajando.
Tan pronto como se coloca los auriculares suena la canción I I'll find a way, de Rachael
Yamagata que atraviesa la oscuridad hasta la siguiente escena.
Escena 10
Vuelve a iluminarse débilmente el estudio de Ella.
Ella trabaja con los auriculares puestos, al ritmo de Koop Island Blues, de Ane Brun que comenzará también a oírse superponiéndose a la canción que escucha Él.
Durante toda la escena, se escucharán ambas canciones a la vez siempre y cuando ambos tengan sus auriculares puestos. Como anteriormente, la música de cualquiera de ellos se interrumpe cuando se los quitan y se reanuda cuando se los vuelven a poner.
Los estudios en penumbra.
Se enciende la pantalla del centro del escenario en la que se refleja la frenética actividad de las pantallas en las que Ella y Él están inmersos: documentos de Word, tablas de Excel, Power Points, revisiones fugaces por cuentas de Twitter, Facebook, e Instagram. Correos electrónicos, mensajes de texto y de WhatsApp, fotos en proceso de edición, búsquedas en Google, rutas en Google Maps, aplicaciones diversas y páginas y páginas de internet de todo tipo.
Un abrumador collage digital que debe sugerir el paso de los días, las semanas y los meses, la vida digital, la híper-conexión y la globalización del espacio. Ya no hay aquí y ahora. Todo es aquí, siempre es ahora.
Entre los muchos estímulos visuales, identificables solamente por el observador más avezado, podrán distinguirse algunos correos y mensajes entre los personajes. Aunque sean importantes no lograrán destacar… en el universo digital en que vivimos, lo importante suele perderse en la inmensidad de información que nos inunda y entre los millones de datos a los que tenemos acceso.
Por ejemplo, un correo electrónico entre Ella y el abogado en el que le muestra su sorpresa, e inconformidad, por cómo se está alargando y complicando el proceso y, sobre todo, su rotunda oposición a que un psicólogo entreviste a Alex, aunque sea neutral y elegido por el Juez.
El sonido de una llamada de teléfono destaca sobre todo lo demás. Tras un par de timbrazos, la voz de Él, que sigue trabajando, suena en un contestador:
“Hola, ahora no puedo atenderle. Por favor, déjeme un mensaje y yo le llamaré en cuanto pueda. Gracias.”
ABUELA (Voz en el mensaje). Hola, hijo. Te llamo un poquito nerviosa porque se acaban de ir de casa dos funcionarios de Servicios Sociales. Han venido, sin avisar ni nada, a hacerme una entrevista… Yo no creo haber metido la pata, pero tampoco he sido muy amable porque no estoy segura de que tengan derecho a semejante intromisión… y porque me han parecido unos estúpidos, la verdad sea dicha. Y unos impertinentes. “Que por el bien de Alex” decía todo el tiempo la funcionaria que era una arrogante. ¿Qué sabrá ella? Bueno, llámame cuando oigas esto. Me he quedado preocupada… esto se está saliendo de quicio, creo yo. Llámame, hijo, en cuanto puedas.
(Cambiando de tono antes de colgar).
¡Ah, se me olvidaba! No podré recoger a Alex el jueves porque tengo que ir al hospital a unas pruebas que me ha mandado el médico… de rutina, dice, pero que me las haga lo más pronto posible. Las tengo a primera hora de la mañana, pero una nunca sabe… siempre te hacen esperar y a veces se alargan mucho. ¿Os podréis arreglar ese día? Si es mucho lío, pues lo intento cambiar…
(Cambiando nuevamente).
No deja de llover, ¿eh? Esperemos que escampe un poco mañana. Hablamos luego, hijo. Un beso. Llámame.
Ellos siguen trabajando en sus burbujas, con sus auriculares, con su música, con sus pantallas, sus tazas de café.
En la pantalla, continúa el torrente incontrolable de información. Entre todos los estímulos, se ve un grupo de chat titulado “Madres y Padres” en el que hay una caótica discusión sobre la coordinación de los detalles del vestuario para una función escolar.
También un diálogo de chat entre Él y la Abuela en el que comparten preocupaciones por el escándalo alrededor de Alex y por los problemas de salud de la Abuela.
Hay también imágenes con fotos de familias, anuncios de publicidad, videos de YouTube con tutoriales para todo tipo de actividades, videos virales de los que inundan las redes, tiernos, graciosos o patéticos; noticieros del tiempo, Breaking News, un zapping de canales donde se ven noticias, tertulias y entrevistas, concursos, Reality Shows y esos programas de búsqueda de talento que han terminado con “The Amateur Night” de los teatros trayéndola a la televisión. También una infinita oferta de películas y series de Netflix, programas de stand up, búsquedas de compras en Amazon, tiendas de Apps, listas de música de Spotify etc.
Se acentúa la luz del estudio de Ella quien descubre un mensaje de voz en su teléfono.
Lo pulsa y lo escucha.
Desde su burbuja, Él dejará de trabajar para actuar el mensaje en un flashback. Como si el espacio
entremedias nos dejara ver el momento preciso en el que Él lo grabó.
MENSAJE DE ÉL Cariño, estoy saliendo de la reunión de padres del colegio…. Nada bien, si quieres que te diga la verdad: la profesora suplente es una borde… O le doy miedo o tiene miedo de hablar conmigo… pero he notado que ha intentado esquivarme lo máximo posible… ¡Y espera! La que sí me ha evitado descaradamente ha sido la mamá de Marcos... Ha hecho como si yo fuera invisible. Luego me he dado cuenta de por qué: al salir, me he cruzado a toda velocidad con los padres de Alicia que iban muy contentos a no sé dónde y me dicen: “nos vemos el sábado en el cumpleaños de Marcos y os contamos”. ¿Fiesta de cumpleaños de Marcos este sábado? Hmmm, no me sonaba nada tener cumpleaños este fin de semana… y, de repente, las piezas han encajado: ¡No nos han invitado! ¡No han invitado a Alex! Me suena como si hubiera un plan de ostracismo social, cariño, y no me gusta nada… Nada de nada. Esto es llevar ya las cosas a otro nivel… Tenemos que pensar qué hacer, ¿eh? Bueno, paro en el taller a echar gasolina y a ver si pueden echar un vistazo al ruido de la camioneta que sigue chirriando, a ver si me dicen qué es... Te veo en casa. Besos.
Él vuelve a su concentración.
Ella reacciona rápidamente al mensaje. Pese a seguir con la atención dividida da una orden seca a su teléfono: “Grabar mensaje de voz”. Después de que se oiga el bip característico de confirmación, Ella cambia completamente de tono para grabar el mensaje.
ELLA Bueno, cariño, no te preocupes, hablamos en la cena. Tómalo por el lado positivo: la madre de Marcos siempre nos ha parecido una idiota y si nos hubiera invitado habríamos ido a regañadientes… ¡¡Ja, ja, ja!! Ya, ya sé lo que estás pensando: que es distinto no querer ir a que no te inviten. Sí, es distinto. Lo es. Pero bueno, que no nos falte un poco del sentido del humor. Mira, tengo una idea: invitamos a los padres de Alicia a comer el domingo y hablamos con ellos mientras Alex y Alicia juegan, ¿te parece? Un beso. ¡Ah! ¡Que no se te olvide pasar por la tintorería, por favor!
Se queda en silencio hasta que suena en el teléfono un doble bip y vuelve a usar la voz autoritaria:
“¡Enviar!”
Tras el sonido de confirmación, Ella emite una nueva orden a su teléfono:
“¡Escribir mensaje de texto!” (Suena un bip). ¡Madre de Alicia! (Otro bip). Querida (coma) os apetece venir a comer a casa el domingo (signo de interrogación. Emoji carita feliz) Parece que tenéis buenas noticias que contarnos (signo de exclamación, signo de exclamación. Carita de risa, carita de risa, palmadas aplauso, bailadora de flamenco) A cualquier hora nos va bien (punto) Vamos a estar en casa todo el día (punto) Me confirmas (punto) Besos (Emoji labios grandes, punto final) (Comprueba rápidamente el mensaje en su pantalla). ¡Enviar!
Siguen las proyecciones, los mensajes, el aluvión de información en la pantalla que, como un vendaval se lleva las horas, los días, las semanas por delante.
La atención, y la luz, vuelven a concentrarse en Él que descubre otro mensaje en su teléfono. Se quita los cascos para escucharlo. Es una voz profesional, correcta, medida pero urdida por la urgencia.
ENFERMERA Buenas tardes. Nos ponemos en contacto con usted en relación con la paciente identificada con el número 3876 y admitida esta mañana, quien nos ha proporcionado este teléfono como contacto de emergencia. Es muy importante, repito, muy importante, que se ponga en contacto con nosotros a la mayor brevedad posible llamando al número 555-984-765 Extensión 234. Le repito, 555-984-765, extensión 234. Quedamos atentos. Gracias.
Él ha escrito el número a toda prisa.
Tras un segundo de parálisis en la que su cara queda transfigurada por el pánico, lanza una orden a su teléfono, severa, seca y angustiosa.
ÉL ¡¡Llamar a mamá!! (No ha terminado el marcado digital cuando Él se da cuenta de su error).
¡¡Colgar!! ¡¡Fin de llamada!! ¡¡Nueva llamada!! ¡¡Marcar 555-984-765!!
Suena de nuevo el marcado digital e inmediatamente el mensaje automático de la centralita del Hospital: “Ha conectado con el Hospital Central. Si conoce el número de la extensión, por favor, márquelo ahora, de lo contrario marque una de las siguientes…” ¡¡234!!
“Un momento, por favor –dice el sistema- le conectamos con uno de nuestros representantes”.
Ella, en su burbuja, sigue enfrascada, ignorante, en su mundo digital.
Oscuro
Escena 11
Ella trabaja en su estudio, con la misma concentración de siempre, pero con mucha menos energía. En sus auriculares, y en la escena, suena Holy D, de Natalia Doco .
Una luz tenue, como si fuera una vela, ilumina el sofá del salón en el centro del escenario.
Él está tumbado, mirando al techo. Por primera vez, sin estar pendiente de ningún aparato. De hecho, el zumbido de su teléfono en modo vibración intenta llamar su atención desde el bolsillo, pero Él lo ignora. Tiene la mirada, y la vida, perdida en el techo.
Ella se quita los auriculares y con un suspiro con el que se vacía, rompe la cuarta pared.
Hablándole al público como quien no tiene más remedio que subir al púlpito a recitar una elegía.
ELLA Todo cambia cuando alguien se muere. Sí, el día a día sigue adelante con sus pequeñas cosas, como si todo fuera normal, pero todo cambia cuando alguien se muere. Cada día es un paseo entre la vida y la muerte. Y nosotros caminamos torpemente por el espacio que queda entremedias. Guardando el equilibrio, sin saber, o sin querer pensar, que en cualquier momento podemos caernos por el precipicio. Ahora estás, ahora no estás (chasquea los dedos). Así de rápido cambian las cosas. Así de imprevisto. Así, sin más.
Todo pasa tan rápido. Somos tan insignificantes que lo único que realmente importa es dejar un mundo mejor, un poquito más justo, un poco más libre que el que nos encontramos al nacer. Como homenaje a los que nos dejan. Como obligación a los que van llegando.
Aunque creamos que lo tenemos todo bajo control, la vida es como navegar a ciegas en un mar de incertidumbre. Pues en cualquier instante, sin poder saberlo, en el momento más intrascendente de un día cualquiera, podemos quedar atrapados en la humedad lésbica del beso con el que se pelean, se abrazan y se quieren, la puta vida con la puta muerte.
Con mucho cuidado entra en el salón. Ella quiere hablarle, pero Él finge dormir.
Le acaricia un brazo con ternura, le arropa con una manta y le da un beso en la frente antes de salir y volver a su estudio.
Él, cuando vuelve a quedarse solo, se incorpora para romper la cuarta pared y hablarle al público. Como habla quien vuelve de un viaje en el que ha descubierto el lado más oscuro del mundo.
ÉL Los sentimientos nos engañan. Hay una teoría científica que dice que, aunque sintamos y estemos convencidos de que estamos tocando algo, o a alguien, nunca lo hacemos. Siempre hay una separación, un átomo, una partícula minúscula, un espacio entremedias. Nunca hay contacto real. Nunca, en realidad, estamos tocando nada. Ni a nadie. Quizá por eso siempre estamos un poco solos.
Me pregunto si Alex conservará algún recuerdo de su abuela. Llegará el día en que preguntará por ella. Lo hará de forma infantil, inocente, sin poder darse cuenta de que la pregunta se me clavará como una daga en el estómago. Preguntará tantas cosas… Uno se queda huérfano a cualquier edad, no solo en la infancia. Antes, yo era el puente que unía las dos generaciones. Ahora me quedo solo en un extremo, mirando al vacío.
Todo pasa tan rápido. Somos tan insignificantes que lo único que realmente importa es disfrutar la vida lo máximo posible. Sin complicaciones innecesarias, con tranquilidad, sin enlistarse en causas perdidas ni batallas imposibles. Al final, no hay dolor que valga la pena.
Resulta increíble pensar que no estamos tocando nada cuando caminamos descalzos por la playa. Cuando entro en el agua. Cuando tengo en brazos a Alex y le doy un beso o una caricia. Que siempre queda un espacio entremedias.
Ella termina de trabajar en un documento, cierra el ordenador, coge su teléfono y graba un mensaje de voz, dulce y cariñoso. Él lo escucha, en tiempo real, desde la inmensa soledad del salón.
ELLA Cariño, llámame cuando te despiertes. Tengo que salir ya para llegar a la cita con el abogado. Tenemos otra audiencia la semana que viene y hay que prepararla. Él cree que será la última y que después la jueza lo dejará visto para sentencia. Así que hay que tenerlo todo listo… Pero si no te encuentras con fuerzas, dímelo y le digo que pida un aplazamiento. Él ya me lo ofreció, ¿de acuerdo? Un beso, mi amor. Espero que te despiertes mejor. Llámame, que estaré pendiente.
Él ha escuchado el mensaje sosteniendo el teléfono en la mano.
Mira a su alrededor, a las cosas que pasan, buscando un sentido que no encuentra. Coge el teléfono y graba un aséptico mensaje:
ÉL Hola. Ya estoy despierto. Confirma la audiencia. No importa cómo esté. Solo quiero que esto termine de una vez.
Oscuro
Escena 12
El sonido de la canción O Que Sou, de Flavia Coelho inunda la escena, mientras la luz ilumina el estudio donde está Ella con los auriculares puestos.
Está radiante. Dándose unos retoques de maquillaje y arreglándose el pelo mientras, pletórica, salta de pantalla en pantalla bailando, a veces de pie a veces en la silla, al ritmo de la música. En algún momento, le inunda tanta alegría que gesticula como quien acaba de marcar el gol de la victoria en el último minuto del partido.
En el otro extremo, en su estudio, Él navega por internet sin mucha energía. A veces, el agotamiento es tanto que no quedan fuerzas para la celebración.
Desde su computador, Ella le llama por Skype.
La pantalla del centro, partida por la mitad, mostrará la imagen de los dos durante la video conferencia justo cuando Él se pone los auriculares y contesta.
ELLA ¡¿Has visto el link que te acabo de enviar?!
ÉL No.
ELLA ¡Ábrelo, hombre! ¡Es una nota buenísima! Muy, muy aguda.
ÉL Ahora la leo.
ELLA Un análisis buenísimo. Ha cortado mucho la entrevista, pero todo el proceso está muy bien explicado…
ÉL Me alegro.
ELLA Qué maravilla de respuesta, es impresionante. No me lo esperaba… ¡Qué éxito!
ÉL No creo que esto haya terminado aún, cariño. El colegio puede apelar…
ELLA No lo hará, se les está viniendo el mundo encima. ¡Hay mensajes de todos lados!
ÉL No pretenderás responderlos todos…
ELLA Australia, Sudáfrica, Noruega… ¡Filipinas! ¡India!... Tuvalu… ¿Tuvalu? ¿Eso es un país?
ÉL Sí, de la Polinesia.
ELLA Pues hasta de Tuvalu, para que veas. ¡Es increíble la repercusión, cariño… qué maravilla! Mira las cosas que nos dice la gente…
ÉL Me preocupa que todo este protagonismo de ahora, complique las cosas en el futuro…
ELLA No seas aguafiestas, cariño, por favor. ¡La visibilidad es buena! Nos genera redes, solidaridad, apoyo… ¡Y sirve de ejemplo! Igual hay gente en estos países que al leer todo esto da el paso adelante…
ÉL Y también llama la atención de todos los locos y fundamentalistas que nos consideran, más o menos, un peligro para la sociedad… Tenemos el Twitter lleno de esos mensajes también, ¿eh? ¡Y de insultos!
ELLA No los hagas ni caso…
ÉL Leer sólo lo que nos interesa no nos ayuda a entender cómo son las cosas en realidad…
ELLA En cosas como esta, la exposición pública ayuda y protege.
ÉL Y presiona.
ELLA Protege…
ÉL Eso se lo dices a Alex dentro de 25 años. A ver qué piensa cuando lea todo esto…
ELLA ¡Me están llamando! ¡Ya me toca! (Sobreexcitada, arreglándose el pelo y los últimos toques de maquillaje). ¡Ay, qué nervios! Cariño, deséame suerte. ¡No todos los días se habla en las noticias de la BBC! ¿Me dices qué tal, eh?
ÉL Suerte y tranquila.
ELLA Ciao, ciao…. (Manipula el computador para cambiar la llamada. Él desaparece de la pantalla central. Ella permanece muy quieta por un instante, como si fuera a entrar en antena. Alguien le habla por los auriculares). Yes, yes, I’m ready. Ready when you are … Ok. No problem… Yes, I hear you very well. Do you hear me? Great!… ¡Yes, I’m ready!...
Él, gira su sillón dando la espalda al público y a sus pantallas.
Se pone sus auriculares y se reclina como quien quiere desconectarse del mundo y dormir una siesta.
Suena Les Mots d'amour, de Mayra Andrade, paseando tranquilamente hasta la siguiente escena.
Escena 13
Han pasado 25 años.
Él y Ella siguen en sus estudios frente a sus ordenadores.
Como si fueran dos niños jugando, van corriendo de un estudio a otro. Hablándose a voces o por mensaje cuando están separados y sobreexcitados cuando están juntos.
Yendo y viniendo de computador a computador, buscando en pantallas, repasando archivos, viajando en una montaña rusa que los lleva (a la velocidad de la luz) por picos de excitación y valles de nostalgia.
Mientras, la pantalla central se ha convertido otra vez en un torrente de información de archivos digitales de fotos, videos, audios, carpetas etc. que pasan y pasan por delante de la vista, pero sin tiempo para fijarse en ninguna.
ELLA ¡La del primer día en el kínder! Busca esa porque es graciosísima…
ÉL Lo que podríamos hacer es buscar y poner juntas todos “los primeros días”: la del primer día en el kínder, la del primer día de colegio, la del instituto y la del día en que empezó la Universidad…
ELLA ¡Qué idea tan buena!
ÉL Pues ahora “solo” hay que encontrarlas…
ELLA ¡Podríamos empezar el video así!
ÉL Aquí hay una carpeta de la época del instituto…
ELLA ¡Encontré una!
Él corre hasta el computador de ella. La desechan con un gesto y pasan a la siguiente.
No están seguros y pasan a la siguiente. Aunque está un poco mejor, también la desechan. Igual que la siguiente. Y la siguiente. ¡Por fin! Esta sí. Él vuelve a su estudio.
ÉL Y podríamos también elegir sus canciones favoritas para ponerlas de banda sonora en distintos momentos, acompañando cada imagen.
ELLA ¡Sí! ¡Me encanta! ¿Cómo se llamaba aquella canción que tanto le gustaba y ponía sin parar cuando tenía 14 años? ¿Te acuerdas?
ÉL ¿La de aquel bailecito tan gracioso?
ELLA ¡Sí! ¿No hizo un número en una función del colegio con esa canción?
ÉL ¡Sí! ¡Hay un video de eso en algún sitio!
ELLA Ya googleo a ver si encuentro cómo se llamaba el dichoso grupo… ¡También podemos meter la entrevista que le hicieron en el aniversario de la sentencia!
ÉL Quedaría muy serio, me parece. ¡Mejor el vídeo que nos hicimos en el camerino justo antes de que entrara en el plató de televisión! ¿Te acuerdas?
ELLA ¿El del maquillaje? ¡Cómo para olvidarlo! ¡Me encanta!
ÉL A ver dónde está…
ELLA Hay tanto para poner…
ÉL Tenemos que elegir… es un video de un par de minutos ¡no un documental!
Siguen hablando, buscando, corriendo, viajando en su montaña rusa.
Poco a poco, el ambiente ha ido llenándose de ruidos que van in crescendo: las canciones que se han oído van superponiéndose unas con otras y también algunas nuevas; se mezclan con el audio de vídeos de días de juegos, conciertos, fiestas de cumpleaños, entradillas de programas, anuncios, mensajes de voz… entre ellos, sutilmente, se cuela también la voz de la Abuela; el fragmento de alguno de tantos mensajes grabados que quedan flotando a la deriva en la memoria de algún disco duro.
El ruido crece hasta tapar cualquier conversación. Cualquier pensamiento.
Oscuro
Escena 14
En la oscuridad, se escucha el bip y el sonido característico de un contestador automático. Sonará un mensaje que sólo escucha el público.
Mientras se va encendiendo la luz poco a poco, Él y Ella están en el salón arreglándose en silencio. Dándose los últimos retoques para un día especial. Están muy elegantes:
Ella se termina de maquillar y se coloca el sombrero.
Él lucha para que la quede recta la pajarita después de haberse peleado con los gemelos. Se ayudan, se corrigen, se aseguran de que todo esté perfecto.
Cuando hayan terminado de arreglarse, ajustarán los computadores en el centro de la mesa, mirando al sofá. Comprobando los altavoces, los cables, los ajustes de la cámara, la señal de internet…
ALEX (Su voz, de género indefinible, suena emocionada, nerviosa, alegre, nostálgica…). Papá, mamá, acabo de ver el vídeo… Bueno, ¡lo he visto tres veces seguidas! No sé qué decir… No he podido parar de llorar mientras lo veía. ¡Ni de reír! ... Qué bonito, de verdad ha sido precioso. Cuántas cosas han pasado ¿verdad?… Gracias. Os quiero mucho, muchísimo. Y no sé cómo agradeceros todo lo que habéis hecho por mí. Gracias por TODO.
Estoy muy feliz, aunque siento en el alma que estemos hoy tan lejos. Pero bueno, las cosas son como son… y hay que aceptarlas. Ya iremos en Navidad y celebraremos juntos otra vez. Además, ¡es increíble lo presente que uno puede estar incluso en la distancia! Así que aquí estáis, aunque haya 12.000 kilómetros entremedias… No tengáis duda.
He hecho instalar un ordenador y la cámara en un carrito justo frente a nosotros. Para que no os perdáis detalle y yo os pueda ver también. Y, además, hay otra cámara que la va a estar moviendo un amigo nuestro que es un genio y lo va a ir retransmitiendo con todo detalle. El juez ha sido un encanto. Lo ha facilitado todo y, os aviso, va a daros la palabra para que digáis algo… ¡Así que casi no se va a notar la distancia entremedias! Va a ser como si estuvierais sentados aquí, en primera fila… Nos conectamos a las once y media vuestras. Un beso infinito. Os adoro. Gracias otra vez. Nos vemos luego.
Para cuando termina el mensaje ellos ya están arreglados.
Él ha preparado dos copas y han hecho un pequeño brindis, en silencio, antes de sentarse.
Ahora están en el sofá, quietos frente a los ordenadores con la espalda muy recta.
Esperando, sin nada más que hacer.
Se agarran de la mano para sujetarse los nervios mutuamente. Él se inclina para conectar el ordenador.
La pantalla central se enciende y aparecen ellos, enfocados por la cámara, tal y como los vería Alex desde el otro lado del mundo.
Suena la canción Dance Me to the End of Love, de Civil Wars .
ELLA ¿Es la hora ya?
ÉL Faltan unos cinco minutos… si son puntuales…
ELLA Lo serán, ¿por qué no iban a serlo?
ÉL Porque ninguna boda en la historia del mundo ha empezado puntual…
ELLA La nuestra tampoco…
ÉL La nuestra tampoco…
ELLA Espero que el internet no falle.
ÉL He puesto un amplificador de señal. No te preocupes. Todo saldrá bien…
Pausa, silencio.
ELLA Pues aquí estamos…. Es increíble cómo pasa el tiempo.
ÉL Aquí estamos. (Pausa mientras ambos aguantan las emociones). Estás muy guapa.
ELLA Estás muy guapo.
Se besan con mucho cuidado para no estropear ningún detalle de su aspecto. Un beso casi ridículo. Ya habrá tiempo para la pasión. Suspiran mientras esperan.
Mirando fijamente a la cámara, controlando los nervios, expectantes a que empiece la conexión y vean la entrada de los contrayentes por el pasillo.
Mientras esperan, la luz de la sala se va apagando poco a poco.
Ellos siguen esperando en la pantalla, hablando sin palabras al ritmo de la canción. Y, mientras, la vida sigue pasando.
La pantalla se apaga de repente. Oscuro total.
Fin.
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[1] La música que acompaña la obra está disponible en este enlace de spotify: The space in between.
[2] Esta obra está protegida por la ley internacional de derechos de autor. Para su lectura pública, montaje total o parcial, o cualquier otro tipo de divulgación y/o uso se requiere el permiso del autor por escrito, so pena de los cargos que impone la ley.
Biografía
Fernando Travesí

Escritor y dramaturgo español, obtuvo el Premio Nacional de Teatro Calderón de la Barca con la obra Ilusiones rotas, estrenada en Madrid, llevada de gira por varias capitales españolas y publicada por el Ministerio de Cultura de España.
Otras piezas suyas —Palabras de amor, sangre en la alfombra; Tú, come bollos; El diván; y Acuérdate de mí— han recorrido diversos escenarios, entre ellos el de la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos y el Festival de Micro Teatro Bilingüe de Nueva York, donde sus obras han recibido numerosos premios HOLA y ATI.
Como novelista, obtuvo con La vida imperfecta —por unanimidad del jurado, integrado por reconocidos escritores colombianos— el Premio de Novela Corta de la Editorial del Fondo de Cultura Económica (FCE, filial Colombia). Posteriormente, la novela se publicó en España (Ediciones La Isla de Siltolá) y en Colombia (Editorial Planeta, que además la incluyó en su catálogo "Planeta Lector", dedicado a fomentar la lectura en los colegios).
En otros géneros narrativos, Fernando es autor del libro Peter, niño soldado (Ed. Martínez Roca, Grupo Planeta), que recoge, en primera persona, el testimonio de un niño combatiente en la guerra de Sierra Leona. Entre sus publicaciones más recientes se encuentra El otro lado de las cosas (que ocurren bajo el cielo de París) (Ed. La Isla de Siltolá), un conjunto de relatos presentado en la Feria del Libro de Madrid y en Nueva York.
Además, colabora habitualmente con la revista Culturamas, prestigiosa publicación cultural española, y ha colaborado con la revista colombiana Arcadia.
Fernando Travesí es licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y especialista en Negociación y Resolución de Conflictos por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá (Colombia), donde recibió la Orden al Mérito Universitario por la calidad de sus trabajos académicos. Su formación artística se completa con la carrera de Piano Clásico en el Real Conservatorio de Música y estudios de arte dramático y dramaturgia en la Escuela de Teatro de Cristina Rota (Madrid).

